Miguel Poveda, en libertad
El cantaor catalán conquistó en El Puerto a más de 1.300 seguidores en una noche donde rindió homenaje a los maestros
Que Miguel Poveda es un cantaor que vive en libertad es algo que ha quedado claro y demostrado a lo largo de los años de trayectoria del catalán, volviendo a hacer gala de ello durante el concierto que ofreció el pasado sábado en El Puerto ante más de 1.300 seguidores provenientes de distintos puntos tanto de la provincia como de otras colindantes.
Tenía ganas de volver a actuar en la localidad portuense para quitarse esa espina que le perseguía desde hacía poco más de dos años cuando, debido a una bronquitis que llevaba arrastrando varias semanas, no pudo dar todo a lo que un artista de su talla le hubiese gustado en un emplazamiento tan singular como es la Real Plaza de Toros. Aunque en la entrevista concedida a Diario de Cádiz publicada hace unos días afirmó que "mis recitales ya no son tan maratonianos como antes, aunque seguro que llegamos a las dos horas", faltó a su palabra y regaló a los asistentes más de dos horas y media de recital en puro directo al que se sumó la bailaora isleña Sara Baras.
Parece ser que durante unas cuantas horas todos los elementos de la naturaleza que rodeaban a este espectáculo se pusieron de acuerdo para calmarse y dejar disfrutar de la primera parada de Poemas y sonetos para la libertad en la provincia antes de las otras en el Gran Teatro Falla de Cádiz y en el Teatro Villamarta de Jerez. Con una luna en cuarto creciente de un tono anaranjado, una brisa agradable aunque algo fría, y un océano Atlántico en calma, Miguel Poveda salió al escenario con las primeras notas de Para la libertad, perteneciente al poeta y dramaturgo Miguel Hernández, demostrando desde el primer instante su simpatía nata.
Nada más subirse a las tablas el cantaor mostró una auténtica declaración de intenciones al proponerse hacer disfrutar a los espectadores, los cuales mostraron su empatía en el homenaje que realizó durante la primera parte del recital a los poetas. Poco a poco fue desgranando algunos de los textos que ha musicalizado junto a Luis García Montero, que se ha encargado de la selección, Pedro Guerra, en la composición musical, Joan Albert Amargós, en la producción, y Chicuelo, a la guitarra, estos dos últimos no quisieron dejarlo solo durante la actuación. Ni Federico García Lorca, con Romance de la dulce queja, ni Rafael Alberti, con Guerra a la guerra por la guerra, se libraron de este homenaje que supo a poco a los más de 1.300 seguidores congregados en una de las explanadas del puerto deportivo de Puerto Sherry.
Tras un cambio de vestuario en el que lucía un traje de chaqueta negro azabache y un chaleco bicolor con un gris perla a su espalda, Miguel Poveda volvió a aparecer para continuar con la segunda parte, dedicada en esta ocasión a las bulerías. Con el corazón dividido entre Cádiz y Sevilla fue haciendo un repaso de esos cantes que, de una manera o de otra, le han convertido en el cantaor que noche tras noche consigue tener en vilo a miles de corazones sólo con el quejío de su voz. Con un "arsa que toma", un movimiento de cadera para adelante, otro para atrás, una sonrisa pícara, y un agarre de pantalón, levantó a los asistentes de sus asientos para unirse ala fiesta que el catalán había montado con sus famosos movimientos.
Tras una pequeña introducción de la banda que lo acompañó en esa noche tan especial volvió a salir un Poveda impoluto que se despidió cantando a la copla de siempre, haciendo un mano a mano con el piano interpretado por Amargós ,y cantándole a Camarón La leyenda del tiempo, incluso hubo tiempo para aplausos a Lina Morgan, recientemente desaparecida. Aunque no estaba preparado, Sara Baras subió al escenario y se arrancó a bailar bulerías, cerrando el recital Mis tres puñales.
Un gran espectáculo que se vio ensombrecido por la más que cuestionable organización de la empresa sevillana Spyro Music.
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