"Gracias, Fragela, donde estés"
La residencia de la plaza del Falla empezó ayer su actividad con el ingreso de los cuatro primeros residentes · Recuerdos de la antigua Casa de Viudas, nervios y saludos marcaron la jornada
Como el primer día de colegio cuando uno es pequeño vivieron ayer su ingreso en la Casa Fragela las cuatro primeras residentes. Nervios, incertidumbre y recuerdos, muchos recuerdos, eran los principales sentimientos que se palpaban en las miradas, gestos y palabras de Cristobalina Rendón, Eloísa Rodríguez, Francisca Ciprián y Emilia Jiménez.
Ellas son las cuatro primeras mayores que han vuelto a dar vida, qué paradoja, a la Casa de Viudas. "¡Gracias, Fragela, gracias donde quiera que estés!", rezaba en alto, mirando al cielo a través del patio, Eloísa Rodríguez en homenaje al que tuvo la feliz idea de fundar esta casa allá por el 1756. Más de dos siglos y medio después y tras una profunda remodelación, el centro geriátrico vuelve a tener actividad. Ya no es sólo para "pobres viudas y doncellas huérfanas naturales de esta ciudad". Ahora es para ancianas y ancianos que necesitan de los cuidados y atenciones de este centro. Setenta en total.
Cuatro de ellos ya están allí, ya que la dirección de Fragela ha organizado una entrada escalonada para evitar saturaciones y otros posibles problemas de gestión. De ellos, Cristobalina Rendón fue la primera en llegar y en ver la que desde ahora será su habitación. Ya no vivirá en el 14 de la calle América. Ahora lo hace en la habitación número 9 de la Casa Fragela. "He dejado un piso muy lindo, pero ahora me he encontrado con un palacio", decía ayer mientras se instalaba en su cuarto ayudada por dos enfermeras. "Yo soy una persona que no tiene genio, así que seguro que me llevo bien con las personas que vivan aquí conmigo", decía.
Cristobalina, "Cristo, como me decía mi padre", tiene 91 años, pero goza de buena salud "y no he perdido el apetito", asegura. Pese a ello, cada vez se encontraba con menos fuerzas para vivir sola, lo que unido a la avanzada edad de sus otras tres hermanas le llevó a aceptar la posibilidad de residir en Fragela. "Y que sea lo que Dios quiera", se resigna.
De la antigua Casa de Viudas guarda muy buenos recuerdos de las muchas visitas que hacía a sus amigas, "que ya murieron". Y ayer tuvo oportunidad de revivir esas experiencias recorriendo galerías y pasillos, además de la capilla, del edificio del Falla.
En ese paseo por la residencia se topó Cristobalina con otra residente, Eloísa Rodríguez, "con una jota delante, de Juana", que aguardaba en recepción el momento de formalizar su entrada. Del saludo a los recuerdos de la casa en sólo instante. "¿Te acuerdas de Rosita?", pregunta Eloísa. "Sí. Y yo conocí también a Carmela", responde Cristobalina, "Cristo, como me llamaba mi padre".
Eloísa está, a sus 85 años, "estupendamente" y se muestra muy contenta por su regreso a Fragela, "donde viví treinta o cuarenta años". Trabajaba en el Mora, donde también comía y dormía hasta que la trasladaron a Fragela. "Pero soy soltera, no viuda".
En los últimos años ha vivido en una casa de Puerto Real que dijo que sería suya cuando no era más que una huerta y que, al cabo de muchos años, se convirtió en un bloque de viviendas donde su tío le compró una "por ochocientas mil pesetas de entonces", recuerda. Ahora regresa a Fragela, que está "muy bonito". "Es una maravilla, no me lo esperaba así". Eloísa recuerda cada rincón de la casa y todas las aventuras que vivió durante tantos años. El hueco de la escalera, la antigua cocina, el patio, el pozo "donde nos asomábamos para ver nuestra cara reflejada",...
Y por todo ello eleva su oración: "Gracias Fragela, donde estés. Gracias de mi parte y de todas las que hemos vivido aquí". Eloísa guarda un gran cariño al fundador de la que desde ayer es su nueva casa. "Trabajó mucho por las viudas, huérfanas y doncellas. Yo quiero mucho a Fragela, lo llevo siempre en mi cartera".
Francisca Ciprián también formalizó ayer su ingreso en la residencia. Tiene 85 años "y es la primera vez que me encuentro en esto; nunca he estado enferma ni nada. Sólo tengo la vejez", comentaba antes de la comida, como queriéndose adaptar a su nueva vida. "Esto está que da gloria entrar. Es maravilloso. ¡Y qué limpio está todo!", afirma.
- ¿Usted lleva mucho aquí?
-Horas, llevo horas.
- Ah! ¡Igual que yo entonces!.
De esta forma, como unos pequeños en el primer día de colegio, iniciaron estas residentes (a la vera de un plato de guisantes con jamón) una relación que las unirá en esta última aventura de sus vidas. Con ellas está también Emilia Jiménez, antigua residente de la Casa de Viudas que llegó ayer por la tarde. Y hoy lo hará un matrimonio y otro anciano. Fragela empieza a cobrar vida. La vida de los que más han vivido.
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