Fallece el padre Cecilio Herrera Esteban, un sacerdote bueno
Se nos ha muerto el padre Cecilio, un sacerdote bueno, que ha vivido de manera sencilla su ministerio. Con sus silencios respetuosos, con sus gestos discretos y con su palabras oportunas siempre estuvo atento para acompañar a los solitarios y para acoger a los incomprendidos. En sus diferentes tareas pastorales se esmeró para crear territorios confortables en los que se sintieran cómodos, sobre todo, los niños, los jóvenes, los hombres y las mujeres que tropezaban con dificultades para integrarse en la sociedad.
Desarrolló sus tareas sacerdotales como coadjutor de la parroquia de San Pedro y San Pablo de San Fernando, párroco en la Almoraima y Castellar de la Frontera, profesor del Instituto Columela, capellán del Colegio La Salle-Viña, profesor, formador, director espiritual y rector del Seminario, párroco de Santa Cruz y, últimamente, de San Servando y San Germán de nuestra capital.
A mi juicio, lo más valioso de sus comportamientos evangélicos era su actitud sencilla con la que daba a entender que él era el beneficiario cuando, cediendo los puestos de las presidencias, ocupaba los lugares de los servidores. Su perfil psicológico y, sobre todo, su talante sacerdotal contribuyeron de forma definitiva para convertir la soledad en oferta humilde de compañía y para transformar la debilidad en un instrumento eficaz de reconstrucción de nuevas vidas. Luchando tenazmente contra los vientos de las dolencias físicas y sorteando las mareas de los cambios sociales, con un estilo peculiar, de acuerdo con sus rasgos humanos, siempre permaneció fiel a la médula de Evangelio, leal partícipe en las acciones pastorales que los sucesivos obispos le encomendaron, solícito colaborador de los compañeros sacerdotes y servidor generoso de los feligreses. Tímido, callado y discreto, el padre Cecilio ha cultivado unas relaciones sencillas con Jesús y ha practicado ese hermoso estilo de vida de la gente corriente. Tanto cuando estaba sano como cuando soportaba con entereza los normales achaques de la edad, nos ha seguido dictando provechosas lecciones de grandeza, de delicadeza y de finura de espíritu. Sus mensajes callados han sido mucho más elocuentes que algunos de los vacíos y tópicos sermones.
Con sus actitudes comprensivas y compasivas nos ha brindado pruebas transparentes de la atención esperanzada con la que él contemplaba los gestos y escuchaba las palabras de Jesús.
Su testimonio nos ha confirmado que los contenidos de la fe no se entienden si no percibimos, hacemos y padecemos la realidad de la vida. Sus actitudes y sus comportamientos le han permitido vivir el sacerdocio con dignidad, sin necesidad de exhibir ínfulas ni de reclamar beneficios. Acostumbrado a escuchar y a servir, nunca perdió de vista lo fundamental porque supo ponerse en el lugar de los más necesitados. Ajeno a las modas y a los moldes, el padre Cecilio ha llamado, paradójicamente, la atención por sus maneras normales de escuchar, de hablar, de vestirse, de tratar a la gente, de acompañarlas en el dolor, de celebrar los sacramentos y de predicar la palabra desnuda del Evangelio que él explicaba, no como arqueólogo o como filólogo, sino como el que hace una llamada a la libertad y a la concienciación, como el que realiza una defensa de los más humildes, como el que emprende aventuras siempre recomenzadas. Sirvan estas palabras de homenaje a un hombre bueno, honrado, afectuoso y limpio de corazón, que seguirá viviendo en nuestras agradecidas memorias.
Que descanse en paz.
JOSÉ A. HERNÁNDEZ GUERRERO
El día que precisamente cumplía 76 años de edad y a una semana de los 52 de su ordenación, fallecía en el Hospital Puerta del Mar el sacerdote Cecilio Herrera Esteban. El sepelio tendrá lugar a las diez y media de la mañana, en la parroquia de San Servando y San Germán, donde ejerció su ministerio durante 34 años.
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