COAC 2026
Orden de actuación de la tercera sesión de preliminares

Castelar, Joly y la prensa de Cádiz

Historias de Cádiz

Vicisitudes de la elaboración del mueble dedicado a la memoria del presidente de la Primera República Española l Biblioteca pública bajo la plaza de Candelaria

Mueble de Castelar, obra del ebanista Juan Rosado / Julio González

Entre los gaditanos ilustres ocupa un lugar destacado Emilio Castelar, escritor, político, orador y presidente de la Primera República. Nacido en la popular plaza de Candelaria, su relación con su ciudad natal fue prácticamente inexistente. Salió de Cádiz siendo un niño muy chico y solamente regresó en dos esporádicas ocasiones.

Pese a ello, los gaditanos lo han colmado de honores, muy merecidos por otra parte. La plaza de Candelaria, donde nació en 1832, lleva su nombre, allí también se levanta su estatua de considerables dimensiones y hasta su apellido figura con letras de oro en el salón de plenos del Ayuntamiento de Cádiz.

Castelar regresó por vez primera en 1864, en un viaje clandestino y de propaganda para derrocar a Isabel II. La segunda y última visita tuvo lugar en 1897, cuando ya era un venerable político retirado y que contaba con el reconocimiento de todos los españoles. En esta última visita conoció el astillero y los principales rincones de su ciudad natal. Por último pronunció una conferencia promovida por su amigo y admirador Federico Joly Diéguez, director y propietario de Diario de Cádiz, en el Casino Gaditano. Joly quiso recoger exactamente las palabras de Castelar y para ello contrató los servicios del antiguo taquígrafo del Congreso de los Diputados, Carlos Guaza, que estaba trabajando en la delegación de la Compañía Trasatlántica de Cádiz. Al día siguiente, Diario de Cádiz sacó a la calle una edición especial con el discurso íntegro pronunciado por Castelar en el Casino.

Federico Joly Diéguez era hijo del fundador de Diario de Cádiz. Dotado de extraordinaria inteligencia y capacidad de trabajo logró licenciarse en la Facultad de Medicina siendo apenas un adolescente. Sin embargo renunció a su primera vocación para trabajar en el Diario junto a su padre. Joly Diéguez mantenía amistad y correspondencia con los principales literatos de la época, entre ellos Castelar, publicando en el Diario muchos de sus trabajos. A la muerte de Castelar, Diario de Cádiz publicó un número especial y Joly Diéguez recogió como colección gran parte de lo publicado en esas fechas sobre el político gaditano.

Fundador de la Asociación de la Prensa, en 1910 fue nombrado presidente, con una numerosa junta directiva de la que formaban parte destacados periodistas de nuestra ciudad. Entre sus proyectos, Joly recogió la idea de Carlos Sainz de Tejada de construir un artístico mueble para albergar las noticias sobre Castelar y que ya obraban en su poder.

De la construcción de ese mueble fue encargado el ebanista Juan Rosado, de destacada familia de artistas. Rosado, tras trabajar varios años en Madrid, había regresado a Cádiz para ser director ornamentista de las cámaras de los grandes buques de la Trasatlántica. También era el autor de la antigua peana de los Afligidos y de la verja que rodeaba el monumento a Moret.

Las decisiones de la Asociación de la Prensa se tomaban por consenso en el domicilio social de la calle Torre y posteriormente los directivos acudían a Diario de Cádiz para comentar los acuerdos con su presidente y tener un rato de agradable tertulia. En esos años Diario de Cádiz sacaba dos ediciones a la calle y Joly Diéguez apenas tenía tiempo para pisar la calle.

En cierta ocasión, los directivos de la Prensa acordaron dar un ultimátum a Rosado para que terminara de una vez el mueble de Castelar. En caso contrario, acordaron, impondrían al artista una sanción económica por el retraso en la entrega. Con ese acuerdo marcharon los directivos a la calle Ceballos para su habitual tertulia en el Diario.

Federico Joly, que había realizado personalmente el encargo a Rosado y trataba con el artista los pormenores de la obra, les hizo ver que ese ultimátum era un grave error. Les recordó que Rosado era un genio y como tal, anárquico en su trabajo, creyendo que lo más adecuado era llevar amistosamente el asunto. La directiva quedó convencida y Diario de Cádiz publicó que el acuerdo de la Asociación había sido simplemente hablar con Rosado para acelerar su trabajo.

Pero un directivo, que no había acudido a la reunión final de la calle Ceballos, Tomás Rivera, no quedó conforme y escribió una carta abierta al Diario señalando que Joly había publicado en el Diario acuerdos de la Asociación de la Prensa distintos a los realmente acordados.

Joly y los demás directivos intentaron durante todo el día siguiente encontrar a Rivera para explicar lo sucedido, pero no fue posible ya que se había ausentado de su domicilio.

La reacción del director del Diario fue noble y rotunda. Publicó los primeros acuerdos de la Asociación, la carta íntegra del directivo discrepante y explicó detalladamente a los lectores lo que había sucedido. Acto seguido redactó una carta presentando su dimisión irrevocable del cargo de presidente d e la Asociación de la Prensa. Los directivos que habían estado en la redacción del Diario aquella tarde, encabezados por Martín Barbadillo, Gutiérrez, Riaño y Milego, también presentaron su dimisión.

Al dar cuenta a los lectores de esta dimisión, Joly añadió una frase que sería un lema para su familia: “·El periodista no debe ser más que periodista y no debe estar más que en su periódico”.

El famoso mueble llegaría por finalmente a la Asociación, y allí permanece hasta el día de hoy, salvo unos años en que estuvo en el Ayuntamiento por problemas en la misma asociación.

En 1932, con motivo del centenario de Castelar, se propuso construir una biblioteca pública bajo el monumento de la plaza de Candelaria y que estuviera presidido por el famoso mueble.

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