La Corredera

antonio morillo

Terreno pantanoso

Sobre mi artículo anterior, entre mis amigos/as ha habido de todo y me da pie para escribir este segundo. Me decían que había entrado en un terreno pantanoso, mas opino que debe ser agua cristalina donde nadar sin peligro alguno. En principio me alegro, porque escribir sobre este tema con calma y sin prejuicios no debe ser tabú.

Me embeleso cuando veo a una niña pequeña y, pensando en su futuro, se me llena el alma de deseos y venturas para ella. Doy siempre gracias a Dios porque mis hijas hayan nacido en estos años y se críen libres y en igualdad con los hombres, lejos de aquellas épocas en las que la mujer era más o menos esclava, ni siquiera tenía alma y no podía ni votar.

Me uno a las reivindicaciones sociales, laborales… de pasado mañana día 8. Dicho esto, mi tesis es que las mismas mujeres deben evitar las majaderías y tonterías de las ultras, porque reverdece al machismo más puro, integral y carpetovetónico. La igualdad, siempre y en todos los órdenes. Pero también hay que comprender que la mujer es mujer y el hombre, hombre. Es como aquel que se jactaba de que en su pueblo todos eran muy machos. A lo que otro le contestó: "Pues en el mío, la mitad machos y la mitad hembras y lo pasamos estupendamente". Y es que, además, da motivo y pábulo a que la gente se guasee del tema. Ayer en las llamadas redes sociales, en son de la igualdad de género, apareció en una carretera a un lado el toro de Osborne y al otro una vaca lechera.

Hay que luchar por lo fundamental. Se exagera con el vocabulario… ustedes y ustedas de aquel presentador. Sin embargo en otras cosas el acercamiento a la igualdad avanza con naturalidad. Léase la vestimenta: ellas han dejado las faldas por el pantalón (ya ni las abuelas llevan falda, aunque para distinguirse, creo yo, que dejan las rodillas roídas). Sin embargo proliferan los escotes, una coquetería de sus atributos, y sin embargo el hombre usa corbata en vez de insinuar o enseñar el pelo en el pecho a su vez atributo de la testosterona. Lo mismo que la cabellera, la mujer nunca es calva por las mismas hormonas.

P/D En fin, hacemos lo que podemos, unas y unos. Dios hizo bien el mundo con ellas y ellos en vez de implantar en el género humano el hermafroditismo (macho y hembra en un solo y mismo cuerpo) como en algunos peces y plantas. Por lo cual le damos muchísimas gracias.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios