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La misión del comedor El Pan Nuestro desde hace más de 33 años: "En San Fernando no se pasa hambre"

De dar de comer a todo el que lo pide se encarga en La Isla 'El Pan Nuestro', que lleva más de 12.000 días abierto ininterrumpidamente: una nueva junta directiva asume ahora el reto de continuar esta inmensa labor social

No mires a otro lado, tu calle es mi hogar

Hilera de bandejas preparadas para el almuerzo en el comedor benéfico El Pan Nuestro, en San Fernando / Julio González

Aquí se practica a diario desde hace casi 34 años el milagro del pan y los peces para dar de comer a muchos con muy pocos recursos gracias a la entrega de unos cuantos. No se hacen preguntas, solo se da. Así de sencilla y, al mismo tiempo, así de gigante es su misión. El comedor benéfico El Pan Nuestro lleva ya más de 12.000 días en funcionamiento de lunes a domingo, sin faltar a su cita ni una sola jornada –ni siquiera durante la pandemia– desde aquel 24 de octubre de 1992 en que abriera por primera vez sus puertas, entonces en un modesto local de La Casería que se emplazaba donde hoy se levanta una de las torres de pisos.

Toda esta historia se puso en marcha gracias a la iniciativa del que fuera párroco de la iglesia de la Inmaculada, el padre Juan M. Jiménez Zayas (fallecido en 2011), cuyo retrato sigue estando muy presente en la sala donde a diario se da de comer a todo el que llega y se pone en la cola. Alejandra Bouza ha tomado ahora el relevo al frente de la entidad benéfica y acaba de dar forma a una nueva junta directiva que, con la ayuda de unos 35 voluntarios, asume el reto de continuar esta inmensa labor social, este legado que tiene además la virtud de sacar lo mejor de los isleños: su solidaridad. Porque sí, eso de que en La Isla la gente es muy solidaria y se vuelca con el comedor –y también con otras causas– no es una manida frase hecha sino una contundente realidad.

A la derecha, Alejandra Bouza, nueva presidenta del comedor El Pan Nuestro, junto a Paqui Borrego, también miembro de la junta directiva de la sociedad benéfica / Julio González

"Solo podemos tener palabras de agradecimiento", afirma la nueva presidenta tras una exitosa campaña de Navidad recién terminada en la que se ha vuelto a poner de manifiesto esa amplia colaboración de entidades, asociaciones, cofradías... y, cómo no, también de muchos particulares que de manera anónima hacen sus donaciones.La acompaña Paqui Borrego, un rostro para muchos conocido en La Isla, ya que en su día fue también concejala de Servicios Sociales y que desde hace años forma parte también del equipo directivo. En la nueva junta –cuentan ambas– se ha incorporado ahora a gente más joven, lo que se suma a la experiencia de los veteranos que siguen.

El trabajo sigue siendo el mismo desde que este centro benéfico abriera sus puertas hace ya más de 33 años: "La prioridad es atender a las personas más vulnerables, eso siempre será lo primero". Pero la nueva presidenta habla también de la necesidad de "modernizar un poquito el comedor" en otro sentido. "Tenemos también que esforzarnos en estar presentes en muchos sitios para hacer visible la labor del comedor, porque para poder contar con fondos suficientes necesitamos ganar esa visibilidad, que se nos vea y que la gente conozca nuestra labor".

"Solo de subvenciones no viviríamos, no existiría el comedor"

Lo que se pretende es llegar a las aportaciones de fundaciones e instituciones privadas que ahora quedan fuera de su alcance. Hay llamar a todas las puertas para conseguir dinero... "Hay una fundación en Cádiz que se ha portado con nosotros estupendamente en este año que acaba de terminar y la verdad es que no nos los esperábamos", explica. Ocurre, sin embargo, que hasta ahora desconocían que esa ayuda estaba ahí y que era posible llegar a ella. Por eso, más allá de las subvenciones públicas que recibe de la administración, esa búsqueda activa de ayudas en el sector privado se ha asumido como uno de los retos de la nueva junta directiva, además –y esto es fundamental– de ampliar el número de socios.

"Eso es básico e importantísimo. Son la clave para el sostenimiento económico del comedor, que cuenta con seis trabajadores en nómina. Es que solo de subvenciones no viviríamos, no existiría el comedor. Son las cuotas de los socios lo que nos dan un sustento mensual, trimestral, anual...", explican. Los socios históricos que durante tres décadas han estado ahí al pie del cañón van falleciendo, así que el número disminuye. Es una realidad. Por eso la entidad necesita aumentar su nómina de miembros.

Una de las voluntarias del comedor benéfico El Pan Nuestro encargada de repartir las bandejas del almuerzo, en San Fernando / Julio González

Ocurre, sin embargo, que aunque siempre hay una amplia predisposición para echar una mano al comedor cuando este pide ayuda, cuando falta ropa de abrigo o leche o aceite en el almacén, no pasa lo mismo cuando se pone la hojilla de inscripción por delante y se pide la cuenta bancaria. Ese compromiso despierta reticencias en muchos. Somos así. "Pero es que la gente desconoce que esas donaciones desgravan bastante luego. Y es importante que lo sepan, que ese dinero que aportan luego va a desgravar al hacer la declaración de la Renta. Tenemos que insistir en eso", apunta Paqui Borrego.

Las cifras del comedor

El Pan Nuestro no es solo un comedor. Y no solo se va a almorzar allí. También se reparten desayunos y una bolsita para la cena. Hay duchas para asearse y también un ropero al que acudir si los usuarios necesitan cualquier prenda. Además, no solo se ayuda a las personas extremedamente vulnerables, esas que duermen en la calle y tienen que acudir allí para llevarse algo a la boca. Hay familias sin recursos que a diario acuden también al comedor con los tuppers.

En los últimos tres meses se han repartido 1.077 desayunos y más de 1.500 almuerzos además de 3.200 comidas para las familias. Es el dato más actualizado que tienen. "Hay unas 50 personas que comen a diario aquí, es la media en la que estamos", explica Alejandra Bouza. El perfil responde a lo que antes solía llamársele 'transeúntes' , una palabra que hace tiempo que ha dejado de gustar porque no se corresponde con la realidad. En su mayoría son personas sin hogar, extremadamente vulnerables, que viven en la calle. De hecho, en el comedor se está trabajando con los equipos de calle de Cruz Roja que funcionan desde el pasado verano en La Isla para atender a este colectivo.

Preparativos en la cocina del comedor benéfico El Pan Nuestro, en San Fernando / Julio González

"Ahora, entre esas personas que acuden a diario al comedor, hay también gente muy joven, normalmente inmigrantes... Hay mucho musulmán". De hecho, detalla la presidenta, se han adaptado también los menús del comedor benéfico para ofrecerles platos que puedan comer, sin cerdo, sin chorizo... Se les da una alternativa para que no se vayan con las manos vacías: "Por ejemplo, se les da el bocadillo de queso o fruta en lugar de embutido".

Curiosamente, la media de usuarios del comedor tiende al alza mientras baja la de las familias que se llevan la comida a casa. Pero también hay casos que sorprenden, reconoce. Por ejemplo, hay alguna que otra persona mayor que acude a diario al comedor: viven solos, con una pensión ínfima que no le llega, buscan también un rato de compañía...

Las familias que acuden a diario a llevarse la comida –en torno a una treintena– suelen responder a otro perfil: gente que se queda sin trabajo, agota ayudas, los ingresos se le van en pagar un alquiler... Tienen una vivienda pero no les llega para comer. En estos casos, concreta la presidenta, sí se piden papeles, para regular la ayuda, aunque siempre se atiende a la persona que viene pidiendo.

Una voluntaria del comedor benéfico El Pan Nuestro, en San Fernando, en el almacén de víveres / Julio González

"En San Fernando no se pasa hambre", afirman con rotundidad Alejandra Bouza y Paqui Borrego. De hecho, el comedor se encarga precisamente de eso. "Hay necesidades, evidentemente; pero si alguien pasa hambre es porque quiere. Aquí tenemos las puertas abiertas para todo el mundo de lunes a domingo y no se hacen preguntas. Si ahora mismo te pones en la cola te van a dar de comer. Y te puedes duchar con agua caliente y tienes un ropero para cambiarte de ropa. Puedes desayunar y puedes llevarte también una bolsita con una merienda-cena". Y esa es, en resumidas cuentas, la labor que El Pan Nuestro lleva a cabo de manera ininterrumpida desde hace ya más de 12.000 días en La Isla.

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