Lolo Picardo, concejal en San Fernando y gerente de la Venta de Vargas "Al final, en la hostelería, ves que estás solo con la crisis del Covid: es una cuestión de supervivencia"

  • Lolo Picardo, gerente de la Venta de Vargas y concejal en el Ayuntamiento isleño, ha tenido que cerrar 26 días el negocio a causa del coronavirus

  • Estuvo ingresado en el hospital e, incluso, a punto de entrar en la UCI al empeorar su estado. Todavía no se ha recuperado de la neumonía que le provocó el virus 

Lolo Picardo, con la mascarilla puesta, saluda con el pulgar levantado.

Lolo Picardo, con la mascarilla puesta, saluda con el pulgar levantado. / D.C. (San Fernando)

Va por su séptima PCR aunque el problema -explica- no es ya el Covid en sí sino la neumonía en la que ha derivado y sus consecuencias, que a pesar de la mejoría que ha experimentado en las últimas semanas no ha superado aún del todo. Sigue de baja y pendiente de pruebas médicas que le practicarán a lo largo de octubre para ver su evolución. Todavía le quedan por delante unas semanas para salir definitivamente de ésta aunque lo peor ha pasado. 

Lolo Picardo -concejal en el Ayuntamiento de San Fernando, secretario general de AxSí en la localidad, fundador y ex presidente de la Asociación de Hosteleros de La Isla (Asihtur) y, sobre todo, gerente de un negocio familiar tan conocido como la Venta de Vargas- lleva luchando en primera persona contra el virus desde el pasado 1 de septiembre, cuando varios contagios -el suyo entre ellos- obligaron a cerrar el popular establecimiento

Estuvo diez días ingresado en el hospital Puerta del Mar, donde llegó a compartir habitación con su madre, que también se contagió. Los médicos barajaron incluso su traslado a la UCI al agravarse su estado, aunque finalmente respondió bien al tratamiento y no resultó necesario.

"La cosa se complicó, la neumonía me afectó al pulmón izquierdo. No podía respirar así que, en cuanto llegué al hospital, me ingresaron del tirón como un caso grave de Covid... ¡Y yo que antes de eso decía que iba a pasar el Covid de pie!", afirma este hostelero de raza. Luego, tras salir de Puerta del Mar, llegó el aislamiento en el domicilio y una lenta recuperación que todavía no ha concluido y para la que ha tenido que armarse de paciencia. 

Con su hija, todavía convaleciente al salir del hospital. Con su hija, todavía convaleciente al salir del hospital.

Con su hija, todavía convaleciente al salir del hospital. / D.C.

Así que Lolo Picardo, que además ha sido durante cinco años presidente de la asociación de hosteleros (dejó el cargo cuando asumió el acta de concejal del Ayuntamiento), sabe bien lo que es el Covid y de sus desastrosos efectos en la hostelería, una de esas piezas claves en el engranaje de una economía local que  siempre anda cogida con alfileres. 

"Hemos tenido que cerrar durante otros 26 días. Ha sido un golpe muy duro para la Venta, el segundo además en lo que va de año después de todo el tiempo del estado de alarma", admite. Afortunadamente, explica, el negocio lleva ya diez días abierto e, incluso, ha retomado sus habituales actuaciones flamencas. "Solo seguimos de baja una camarera y yo, los que hemos tenido complicaciones. Pero gracias a Dios ahí está mi familia y el resto de trabajadores luchando ya por la Venta", afirma. 

Al final, advierte, todo se resume a eso para comerciantes y hosteleros, uno de los sectores más castigados por la crisis del Covid. "Es una cuestión de supervivencia. Hay muchas promesas pero al final, en realidad,  estás solo y tienes que tirar para adelante, inventarte lo que sea y apañártelas para sobrevivir y luchar por tu negocio", afirma. Y más de uno -señala- se quedará en el camino y tendrá que cerrar. 

De hecho, apunta, "ningún hostelero ha recibido todavía -desde marzo- ni un solo euro de las ayudas que ha anunciado el Ayuntamiento". "Y la cuantía máxima de estas ayudas asciende a mil euros por cada negocio de hostelería o comercio; que sí, que es un detalle porque además hay otros que no han hecho ni eso siquiera, pero se trata de una cantidad que, además de tener que esperarla durante más de seis meses, en realidad soluciona muy poco en un negocio", advierte.

Por eso insiste en la complicada situación en la que está la hostelería desde el pasado mes de marzo y que ahora, con los rebrotes y la segunda ola del Covid, ha vuelto a agravarse "a pesar de que el verano ha estado bien". 

Ahora, además, el sector tiene que lidiar con las reticencias de la clientela y convencerla de que puede acudir al establecimiento en condiciones de seguridad y con todas las medidas que marcan las autoridades sanitarias. "Siempre las hemos cumplido", advierte. "En la Venta no entraba nadie sin mascarilla y sin desinfectarse las manos". 

"No hay miedo a entrar en la Venta", afirma al referirse a su reapertura. "Pero sí hay miedo a salir a la calle, la gente está haciendo mucha vida en casa. Y en nuestro caso, que tenemos una clientela de gente más mayor, lo estamos notando". 

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