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LOS nuevos datos del paro difundidos por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social vuelven a poner de relieve la mejora que está experimentando en España y Andalucía la creación de empleo. En la actualidad, en nuestra comunidad existen 902.138 parados, una cifra que casi roza el objetivo de la Junta para este año, fijado en 900.000. Además, durante el pasado mes de julio, el paro se redujo en Andalucía en 23.651 personas, lo que supone una bajada del 2,55% si lo comparamos con junio. Respecto a julio del año anterior, el paro ha bajado en nuestra autonomía en 80.287 personas, una caída del 8,17%. En resumen, estamos ante la quinta caída consecutiva del desempleo tanto en la región como en España, lo que sólo puede observarse como una noticia positiva.
Sin embargo, un análisis más detallado de los números nos pone ante una evidencia no del todo deseable: la excesiva dependencia que tiene la economía andaluza del turismo. Esta afirmación se basa en la constatación de que tanto las provincias como los sectores económicos en los que más bajan los índices de paro son los que mayormente están relacionados con el turismo, algo que es propiciado por tres elementos: los atractivos naturales, culturales y antropológicos de Andalucía; una industria de calidad que ha conseguido ser altamente competitiva y una coyuntura internacional que hace poco deseables para el turismo occidental algunos destinos del norte de África que son competencia directa de Andalucía.
La industria turística andaluza es dinámica, moderna y, sobre todo, ha conseguido trascender el sol y playa para ofertar un amplísimo catálogo de servicios relacionados con la cultura, la naturaleza y el deporte. Esto es altamente positivo y sería deseable que otros sectores económicos de nuestra comunidad funcionasen con el mismo vigor que el turístico. Sin embargo, también sería conveniente que Andalucía pudiese diversificar su economía y no depender de una forma tan clara de monocultivos como el turismo o la agricultura. Aunque resulte ya un mantra carente de contenido, se echa en falta una mayor apuesta en nuestra región por los sectores más punteros de la económica, fundamentalmente los relacionados con la industria tecnológica, que son los que apuntalan esa sociedad del conocimiento que da una ventaja competitiva fundamental en la economía globalizada del presente.
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