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SE conmemora en este año 2015 el tricentenario del nacimiento del gran escultor valenciano Ignacio Vergara Gimeno (1715-1776), perteneciente a una familia de artistas. Con tal motivo se celebra en estos días (hasta el 6 de septiembre) una magnífica exposición en el Centro Cultural de El Carmen de la capital valenciana. La muestra, comisariada por Ana María Buchón Cuevas, estudiosa del escultor, ha sido patrocinada por la Generalitat valenciana y el Ayuntamiento.
No cabe duda, que una de sus obras más famosas, como apunta en el espléndido catálogo Ana Buchón, la portada retablo del Palacio del Marqués de Dos Aguas, constituye sin lugar a dudas una de las señas de identidad de la ciudad. Una obra temprana del artista labrada en alabastro, grandiosa, muy divulgada, en donde la realidad supera a la ficción, constituyendo una verdadera apoteosis del arte barroco, que sigue sorprendiendo a todo el que la contempla.
La exposición, completísima, se inicia en una sala en donde figuran textos que explican al visitante los inicios del escultor y sus vinculaciones familiares con el arte. Se exhiben esculturas policromadas, interesantísimos bocetos y esculturas de barro cocido que afortunadamente han llegado hasta nuestros días, algo inexistente en la escultura andaluza, así como dibujos académicos y diseños. En salas anexas se exponen esculturas y diseños de discípulos y seguidores. Todo ello acompañado de fotografías de obras del escultor no expuestas, pues también trabajó la piedra y el alabastro, y paneles explicativos que documentan su extraordinaria actividad.
Como bien sabemos, la ciudad de Cádiz, en tiempos pasados y debido a su riqueza y buen gusto (circunstancias no siempre acompañadas), fue lugar preferente de destino de esculturas procedentes de los lugares más dispares, Sevilla, Génova, Nápoles… y en el caso que nos ocupa, Valencia. Ana Buchón supone, con gran acierto, que la llegada de obras de Ignacio Vergara a Cádiz está vinculada a la ruta de la seda, y evidentemente, a los valencianos residentes en Cádiz. Tres obras maestras guarda nuestro primer templo, la Catedral, del escultor, llegadas del desamortizado convento de los Descalzos de San Diego: la Inmaculada Concepción, San Pascual Bailón y San Antonio de Padua. Obras que muestran los influjos de artistas napolitanos, como Nicolá Fumo y del marsellés Antonio Dupar; lamentablemente, su precario estado de conservación, que requería una restauración profunda, han hecho desistir a los organizadores de la exposición de solicitarlas en calidad de préstamo. Sin embargo, existe otra obra de Ignacio Vergara, muy desconocida por los gaditanos: la imagen de San Vicente Ferrer, que encarga al escultor la numerosa colonia de valencianos residentes en Cádiz. Con el paso de los años, tras desaparecer ese colectivo, la imagen quedó depositada en el convento de las Descalzas, en la clausura, lugar de acceso complejo.
En resumen, una exposición que hace justicia al escultor y pone más aún en valor su fecunda obra, equiparándose a otros grandes de la estatuaria hispana.
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