Este es el título que yo me inventé y le concedí a mis amigos Isidoro, Pepe y Remigio, en un artículo que se publicó en estas mismas páginas. En aquella ocasión, la concesión del título aparecía al final del artículo y como por falta de espacio no lo justificaba, hora es de aclararlo, máxime cuando esta semana estuve en la calle y sin necesidad de ningún exorno navideño a cargo del Ayuntamiento, rebosaba de público que llenaba además, los distintos establecimientos. Y no son pocos porque la periodista Tamara Ariza los ha contado y dice son 16 desde el convento de Santo Domingo hasta San Juan de Dios, o mejor hasta la Pila Vieja.

La calle Plocia, que antes se llamó calle del Boquete, debe su augusto nombre a una integrante de la familia romana Plaucia, cuyo enterramiento apareció en 1826 en los Glacis, la actual Bahía Blanca. La calle, curiosamente conserva casi desde entonces su actual nombre, contra lo que suele suceder en el callejero de nuestra ciudad, donde se cambian nombres históricos de raigambre, a capricho del ayuntamiento de turno. Lo que no se conserva con actividad laboral, es la Fábrica de Tabacos, que se construyó en 1747 y que hoy es Palacio de Congresos, donde tantas gaditanas encontraban un empleo bien retribuido, en comparación con otros empleos femeninos.

Debo recordar también entre las desapariciones que se añoran, al Horno de la Gloria y sus olores, el restaurante la Flor de Galicia, con su cocina sin complicaciones, a base de pescados y carnes que se asaban en la parrilla. Otro establecimiento, el Bar Colon, donde se asaban las sardinas y cuyo encanto consistía no solo en degustarlas, sino en lanzar las monedas del cambio, las perras gordas y chicas de entonces, para que se quedaran pegadas en la grasa del techo del asador. Ya entonces existía el Atxuri de Jon Monasterio, sobrino de Anasagasti que tuvo el sardinero en San Juan de Dios. También Jon merece el título de decano de Plocia y otros muchos restauradores, como ahora se les llama, entre los que debo mencionar a Felix Fernandez Verdejo, de la Cepa, hoy jubilado; a Pablo Grosso con su restaurante "El Aljibe" y a Carmen Braza, cuya casa, muy gaditana, lleva el nombre de un condimento ("Garum") del tiempo de los romanos y que como su receta exacta no se ha averiguado, nadie ha probado. Entre los más modernos, La Bodeguita, Salicornia, especialista en carnes, del gaditano Hohr y el Chicuco de Mikel Elorza, que gestiona Guadalupe, hija del recordado Paco Manrique. Se me acabó el espacio y no he justificado la concesión del título a los interfectos. Otra vez será.

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