Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
Se cumplen dos años del Santo Advenimiento: la llegada de Bruno García y el PP al Ayuntamiento. A la vez se cumplen 10 años de los ayuntamientos del cambio, las candidaturas salidas del entorno de Podemos que llegaron a algunas ciudades españolas. Bajo esa etiqueta se reunían de vez en cuando a costa del dinero público, recuerden los viajes de Eva Tubío, David Navarro, Barcia y mártires. Los ayuntamientos del cambio no han dejado herencia reconocible. En Cádiz, el carril bici, proyectado en época de Teófila y ejecutado por Martín. El resto fueron solo gestos de cara a la galería: Refugees Wellcome, esas banderas que cambiaban a conveniencia, retirar el crucifijo el día de la toma de posesión para luego salir en la procesión del Nazareno con excusas tan absurdas como que muchos votantes llevaban tatuado al Greñúo, quitar la elección de diosa y la iluminación de la playa, que suenen los pitos de las ollas, el cónsul alemán, ir en mangas de camisa a la llegada del Elcano, comprarse un traje en Eutimio, conseguir algunos eventos importantes (Sail GP, Congreso de la Lengua, los Max), el boquete que dejó Albita en Eléctrica y la pléyade de asesores y liberados ahora en paro. Cambiaron pocas cosas, se perdió una oportunidad de oro para que la izquierda gobernase de otra manera dejando una huella en la ciudad. Tan es así que en 2023 Adelante perdió la mitad de los votos, el PP se encontró una mayoría absoluta con un alcalde que nunca quiso serlo, que vino a Cádiz porque así lo determinó el Alto Mando (Juanma). La gente pensaba que al llegar un alcalde del PP la Junta iba a resolver los grandes asuntos pendientes de la ciudad: Valcárcel, Ciudad de la Justicia y el nuevo hospital. Pasados dos años no se ha movido nada, todo sigue igual, salvo que la legión de llevadores de maletas y quitapelusas cambiaron de un partido a otro. Seguimos pagando a toda una pléyade de parásitos que viven de conspirar. Resumen: nada ha cambiado pero la culpa la tiene Kichi, conclusión de la entrevista concedida por el alcalde a este periódico. Como aquel cuplé de Los Cubatas: tratará la vivienda, tratará el paro, tratará el hospital, tratará Valcárcel , tratará el muelle, tratará los astilleros “pero después tratará, tratará tratará tachero”. Al principio de su mandato Bruno iba a todos los actos todos los días, a diferencia de Kichi y compañía caracterizados por la indolencia bajo la excusa de esa patraña que se dio en llamar “conciliación”. Se hizo carne la frase de El Gatopardo: “Algo tiene que cambiar para que todo siga igual”.
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