Ayer me metí en un charco

07 de febrero 2026 - 07:00

Ayer me metí en un charco. Ni el primero ni el último, ya me conocen. Me gustan los charcos más que un quinario. Pero es que me están volviendo medio loca. Unos van de penitentes para el Falla y hacen pasacalle hasta con la cruz de guía;otros se visten de difuntos en los nichos de un camposanto;otras van de obispos y prelados;y no me olvido del cónclave del tal Yuyu. Don Carnal atacando por tierra, mar y aire. Díganme ustedes si no es para volverse tarumba. El caso es que me desperté de la siesta desnortada. Se me había ido la mano en el aperitivo con la botellita de Quina San Clemente y caí en un sopor del que no desperté hasta avanzada la noche. Sobresaltada en mi sofá, me puse en pie y salí disparada pensando que eran las ocho de la mañana. No vi niños caminando hacia el colegio, pero como llovía me dije que se habían suspendido otra vez las clases. Así que me encaminé hacia la plaza de las Flores para desayunar unos churritos cuando vi una comitiva que aparecía tras una esquina. Pensé que eran otra vez estos sacrílegos saeteros sevillanos camino del Falla, así que me dirigí hacia ellos sin pensarlo dos veces y les grité:así no Bizcochín, así no... Tierra trágame. Se hizo un silencio pavoroso y en medio de la noche apareció Jesús de Medinaceli en su parihuela camino del Oratorio.

Dios tenga en su gloria a quien le ha parecido un error imperdonable y a quien nunca se equivoca.

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