desde mi cierro

Pedro G. / Tuero

45 años después

15 de octubre 2011 - 01:00

RECONTANDO por curiosidad o por aburrimiento las hojas ya tan amarillentas y tardías de mi almanaque, caí que, mira por donde, cuánto tiempo había pasado, riesgo lógico cuando alguien tan inconsciente como yo se atreve a esto. Había llovido tanto, cuántas levanteras incontables y tantas arrugas en mi rostro eran ya patentes. Sin embargo, esta Isla de ahora no tiene nada que ver con aquella, La Isla de "cerrado y sacristía", una ciudad venida a más y ahora a menos, La Isla de Luis Berenguer… "A lo primero la ley no era como ahora, que la abuela de don Gumersindo la cambió a su capricho. Antes no era así." Ni La Isla tampoco. Berenguer y su Juan Lobón; don José Benavente o don Antonio Ruiz Lara, don Celestino Rey o el flamenquín en Reverte o los choquitos fritos del bar Madrid. Calle Real y carretera general, la Isla del chulo, o de Jisol y almacenes Blanco de atrevidos escaparates que lucían braguitas ribeteadas o sostenes despampanantes, o las vitrinas de casa Ramírez que eran el no va más. Aquella Isla de los sesenta inocente y trabajadora, con su primer Instituto de Enseñanza Media -Patronato municipal, para más señas- "Rafael Estrada Arnáiz". Allí, por la calle "de los muertos", subiendo a la derecha, cerca de la ladrillera, con su director don Alberto Agudo y su secretaria, mi admirada Mª Adela Gayoso, con su jefe de estudios Pepe Lazaga y, sobre todo, aquellos "platanitos".

Pues han transcurrido 45 años de aquel grupo de cuarto de bachillerato, víspera de la reválida elemental, en el que la dirección del Centro, como algo inaudito, reunió a la treintena de repetidores en un solo curso, dándosenos una última oportunidad, ultimátum muy reiterado cada vez que algún miembro platanero cometía alguna fechoría. Precisamente, a causa de esta amenaza tan repetida por parte de don Alberto, por la simpática picaresca de ese grupo, se bautizó asimismo y pasó a la historia de la enseñanza de La Isla como tales, al emular a aquel popular novillero pacense, Blas Romero "El Platanito", que impenitentemente en aquella España del blanco y negro recorría las puertas de las plazas de toros pidiendo una oportunidad.

Y tanto tiempo ya ha pasado, aunque no hace mucho una mayoría nos volvimos a ver. No nos encontramos ni nos hallamos demasiado viejos y hasta más de uno mejor y bien parecido que antes. Casi todos vivitos y con cola, los más con carreras universitarias y bien colocados, prestigiosos algunos y simpáticos como siempre. Por eso hoy, al evocar todo esto, me acuerdo de un platanito muy especial, José M. Sánchez Piña, amigo y "afligido" quinceañero que, dada la edad que soportamos, no se encuentra en su plenitud deseada. Simpático, con una finísima gracia contraída desde que nació, platanito de pro y un buen isleño como los de antes. Desde aquí, querido Piña, te deseamos toda la fuerza del mundo para que remontes y muy pronto podamos celebrar esta efemérides. Un fuerte abrazo y a seguir volando. Te necesitamos. Tanto tiempo…

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