Semana de reencuentros en la fase uno. Se me viene a la cabeza aquel anuncio del turrón, el “vuelve, a casa vuelve por Navidad”, pero cambiando bufanda y jersey por una camiseta, el gorro por la mascarilla y manteniendo los guantes, aunque de un material más plastiquero. ¿Qué hacemos con la distancia? Ese abrazo invernal que le da su hijo a la madre no está permitido hoy, no es seguro. Hay ganas de celebrar el reencuentro tras dos meses de videollamadas, de retomar el contacto directo visual y físico, de decirle a esa persona mirándola a los ojos y tomándole le mano que tranquila, que todo va a salir bien. ¿Cómo se reprime un abrazo? ¿Cómo se autoconvence una persona que lleva viviendo sola toda la pandemia que aún no debe tocar a nadie, que el contacto cercano es potencialmente dañino, que sus besos pueden estar malditos? Este mundo nuevo pretende hacernos más fríos, pero ojalá nos quede humanidad para recuperar el calor cuando todo esto pase.

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