Jesús Guerrero

jguerrero@diariodecadiz.com

Lo que entienden por planes de paz

EL 1 de julio lo había marcado en rojo en el calendario. Negociando un programa de gobierno, un reparto ministerial que rompiera el bloqueo político, Benjamin Netanyahu, ese avezado primer ministro israelí que se encuentra en los últimos compases de su carrera política, fijó esa fecha como el principio de un paso nuevo. El 1 de julio tendría lugar la anexión de territorios ocupados por Israel en Cisjordania. Un día marcado en rojo, y aplazado a última hora, para una decisión unilateral que probablemente termine recordada en rojo de sangre y no por festivo si llega a ejecutarse.

Donald Trump y su administración hacen de líderes y gorilas de esta decisión. El plan de paz que los estadounidenses presentaron en enero para Oriente Próximo es la alfombra roja, sangrienta de nuevo, –el arma podría decirse– con que los israelíes toman la decisión de marcar el 1 de julio como fecha para la anexión. Este punto viene recogido en dicho programa presuntamente pacífico y que, por supuesto, para qué, no ha sido consensuado con la otra parte, además de tener la postura en contra de la comunidad internacional.

La ONU vuelve a quedar en ridículo ante un conflicto internacional por su incapacidad de dotar de herramientas de distensión a las partes beligerantes y verse  con las manos atadas una vez más ante las capacidades de veto de las potencias. EEUU hace de guardaespaldas. 

Netanyahu tiene prisa para la anexión. Primero porque estos meses son su última oportunidad de dar un paso que sería histórico, además de ilegal, hacia las pretensiones israelíes de profundizar en su dominación. Si Donald Trump pierde las elecciones en noviembre, el plan de paz pergeñado por los republicanos será frenado en seco, ya que el candidato demócrata no lo respalda.

Otra fecha clave apuntada en rojo en el calendario israelí es la de noviembre de 2021, cuando Netanyahu cederá el cargo al ex general Benny Gantz, su compañero de coalición con el que se alternará el puesto en el gobierno. Además, para más inri, el líder conservador israelí está acusado por diversos casos de soborno y fraude por los que se le piden más de diez años de cárcel a los que deberá enfrentarse próximamente.

Todos estos elementos hacen de Netanyahu un líder con prisas para dejar su obra histórica en el proceso. Pero la paz no está en esas, y menos en un territorio que han dinamitado por generaciones. Un plan de paz sin consensos es papel mojado, por mucho Estados Unidos que lo respalde. La comunidad internacional debe darle a Palestina la voz que le quitaron para que, por una vez, aprendamos que las decisiones unilaterales solo eternizan los conflictos y provocan más sangre. 

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios