Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
El cofrade mira al cielo. Ya comienza la Semana de Pasión. Lo dice el aire, el azahar y los versos: "Dejad que de las flores/ el trémulo incensario/ perfume con aromas/ de indefinible olor,/ las auras silenciosas/ del místico santuario". Amanece con oraciones, nervios de vaivén, itinerarios y partes meteorológicos. En La Banda aguarda, nervioso, Jesús de la Paz, y ella, la madre, Angustias. Oración en el Huerto que, por primera vez, sale del templo a la calle, y en la que brotarán, como decía Antonio García Gutiérrez en "Fragmento", uno de sus ignorados poemas religiosos: "Eternas espirales/ de misterioso incienso/ que envuelven de dos mundos/ la mística oración". Sí, es Domingo de Ramos y toda Andalucía, Chiclana misma, como escribió el poeta romántico, es "una voz misteriosa, que con alarido seco repite una vez, y otra, y ciento, hay un Dios".
Al pie mismo del cerro de Santa Ana, espera hoy también Cristo Rey y Estrella, madre y guía: "Salve, salve, mil veces peregrina, y bien aventurada, y bienhechora. Oh, reina de las vírgenes, divina. Oh santa, de los Ángeles señora".
Hoy desempolvo "versos de ruego y humildes como de un hombre que ora a Dios", que canta Leonor en Il Trovatore, la ópera de Verdi y García Gutiérrez, escritos por el poeta romántico. Y llegará el Lunes Santo de los "mareantes" de San Telmo, de Humildad y Paciencia, de Lágrimas y Esperanza, como la que cantaría el poeta chiclanero en el que podría ser su mejor poema religioso, dedicado "A la Virgen María", y en donde proclama como una oración: "Virgen, madre de Dios, reina del mundo,/ de querubes y arcángeles señora,/ oye el acento de dolor profundo/ con que la tierra tu favor implora./ Por ti nuestra esperanza resucita,/ y no hay consuelo que en tu amor no encuentre". A esa "Esperanza" volverá a cantarle años después, en un breve poema así titulado: "Oh, estrella de bonanza,/ emanación de Dios, signo dichoso/ de bienaventuranza. En ti, dulce Esperanza/ mi triste corazón halla reposo".
El poeta, nuestro poeta, es famoso ya en el 1842, año en el que publica en Madrid ese gran poemario titulado "Luz y tinieblas, poesías religiosas y profanas". Han pasado ocho años desde el extraordinario éxito de "El trovador" (1836), pero en sus versos habita esa aflicción que el Martes Santo tendrá a Jesús de los Afligidos y María Santísima del Desconsuelo por testigo. "De tu ser divino inunda,/ Dios supremo,/ los aires y los mares,/ los astros y los vientos;/ escucha, oh Dios clemente, al hombre triste y ciego", afirma en unos versos conmovedores titulados "Arrepentimiento".
Pero ese Martes Santo será también el de la ya hermandad sacramental de Jesús del Amor y del Dulce Nombre de María: "Y allí a sus pies la madre dolorosa,/ en hondo suspirar exhala el alma/ sin que la voz del hijo cariñosa/ vuelva a su pecho la perdida calma", expresa en otro poema, el único sobre "La muerte de Jesús". Y llegará el Miércoles Santo, que la penitencia de Jesús de Medinaceli, cautivo y rescatado, es honda y la Virgen no puede ser otra que la de los Dolores: "Luto y tristezas es nuestra danza;/ falto ya el gozo del corazón", que dice en la "Oración por el profeta Jeremías".
El poeta ha abandonado Madrid rumbo a Cuba desde Santander. Y de La Habana cruza a la península del Yucatán. Allí publica en 1846 un largo poema titulado "La fe". Es la misma fe de la madrugá, Jueves Santo, Nazareno y Virgen de los Dolores, Agustinas Descalzas y el recuerdo de Paco "El Chícharo", devoción y penitencia: "Porque yo creo en ti, porque un instante/ vacilar no podrá/ la fe pura y constante/ que aquí en mi pecho está./ Para tu santo culto un santuario/ será mi corazón", sentencia García Gutiérrez en esos versos.
El Santo Crucifijo de La Salud prologará el Viernes Santo de la Vera-Cruz y el Mayor Dolor: "La sangre del pacífico cordero/ de sus heridas desgarradas brota/ empapando el santísimo madero,/ o al suelo destilando gota a gota", que describe ese poema sobre "La muerte de Jesús". Historia, tradición, arte, cultura y devoción culminan en el Santo Entierro. "El mismo Dios, no te asombre, murió por su amor al hombre, ¡enclavado en una cruz!", como afirma Don Ramiro en el drama El Rey Monge. Y, ella, la Virgen de la Soledad, madre, bella y desolada. Y "Soledad" es, precisamente, el título de un poema confesional inédito hasta 1879 y donde García Gutiérrez se pregunta -una vez que "contemplé la inmensidad y la vi llena de estrellas", escribe- en los últimos versos: "¿No ves que todo lo llena el espíritu de Dios".
Llegará el domingo de Resurrección, y como proclama en ese poema sobre "La fe", el más insigne poeta chiclanero, se hará la luz: "Señor, tú eres la luz que el alma mía / buscando siempre va; / la fe del corazón a ti me guía / donde tu gloria está". Y este es también García Gutiérrez, más religioso que devoto, que ha dudado y se ha arrepentido, pero sin duda más cercano a la fe de lo que hoy se supone -erróneamente, por supuesto- en un romántico decimonónico y liberal. Son versos para un domingo de Ramos de un poeta que gritaba, ahora que despierta la primavera, "amo la luz".
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