Con la venia

Fernando Santiago

fdosantiago@prensacadiz.org

Tirantes

Se reivindicó el gayumbo, la chancla e incluso el sombrero de jipijapa, ahora llamado panamá

Hace tiempo se puso de moda lo vintage, la ropa que usaban nuestros abuelos y que de repente aparecían a la venta en algún mercadillo. Empezaron los ingleses en Campden Town para luego hacerse universal. Quizás de ahí venga el amor por las prendas antiguas, esa pasión casi freudiana por objetos que nos recuerdan a padres y abuelos. Es algo más que aquello que se dice de que los baúles tienen que ser reversibles de manera que al cabo de los años le demos la vuelta y podamos volver a ponernos hombreras, pantalones de pata de elefante, trenkas, pana, loden y similares. Esto es obra del subconsciente. Algunos buscan la excusa de la nostalgia por la prenda que en Cádiz era sahariana (seriana) que han buscado en imitar la denominación de la isla de Cuba para darle un toque más exótico, menos casposo de lo que ya tiene. Otros (yo mismo, sin ir más lejos) hemos reivindicado el gayumbo, la chancla e incluso el sombrero de jipijapa que los pijos llaman ahora panamá, más por reducción al absurdo que otra cosa, la verdad. Ahora siento llegado el momento de recordar los tirantes, que también fueron muy populares hace 75 o 100 años y que ahora apenas los usan algunos iniciados. En Cádiz Tomás Valiente y Alberto Grimaldi. El cinturón sustituyó al tirante como complemento para sujetar el pantalón masculino. Como podrán observar ustedes esto más que un comentario de moda patrocinado por Isi parece un ejercicio de nostalgia de cuando Vicente Moral ocupaba las esquinas de Columela con San Francisco. Yo le cogí tirria a los tirantes porque los usaba Pedro Jota, ese periodista capitidisminuido al que le montaron una trampa algunos responsables de Interior en los gobiernos de Felipe González para pillarlo in fraganti con Exuperancia Rapú en postura poco recomendable en uso de objeto y lubricantes de los que mejor no hablar. Desde entonces confieso que miro con inquietud a los tirantes. No dejo de reconocer la superioridad con respecto al cinturón ya que sujeta bien el pantalón. Tiene como único inconveniente que un buen cinturón de cuero de Ubrique ayuda a meter barriga lo que a determinada edad se convierte en una ventaja. Lo que ya no soporto son los cuellos postizos mezclados con los tirantes, un cruce explosivo e inestable tipo nitroglicerina , desaconsejable para cualquier caballero con un poco de autoestima. No hace falta que Ignacio Casas nos ilustre con sus códigos de vestuario, lo que ahora llaman dress code. Como diría Matías Prats: perdonen que insista.

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