¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La ordinariez de la ordinalidad
SIENDO hoy jornada de reflexión, según la Constitución que tenemos, que me parece anacrónica y fuera de tiempo, he procurado por tanto en este panfletillo no herir sensibilidades, sobre todo socialistas que, por aquello de lo que les puede caer, las tienen excesivamente a flor de piel y en carne viva. Hoy, después de tanto tiempo de democracia, es ridículo y anticuado que aún exista este día de vísperas electorales.
Así, y ante tal despropósito, he elevado mi sentimiento y mi mirada al cielo, y me he encontrado con San Crispín, ya que hoy sábado, diecinueve de noviembre, es su onomástica. Por ello, me he interesado por la vida de este santo, que no es muy conocido y que en mi larga vida de docente jamás tuve un alumno que se llamase así. San Crispín fue un personaje muy singular, que junto a su hermano -también santo- Crispiniano, eran dos nobles romanos que fueron enviados a evangelizar las Galias, por lo que son considerados los apóstoles del norte de Francia. Para no ser molestos y onerosos a sus fieles -cuenta la leyenda consultada- se mantenían ejerciendo el oficio de zapatero. En la persecución de Diocleciano, después de atroces tormentos que estoicamente soportaron, fueron decapitados en el año 285 en la ciudad francesa de Soissons. Los fieles de esta ciudad gala levantaron un templo suntuoso a la memoria de los santos. Sus cabezas se veneran en Roma, en la iglesia de San Lorenzo, mientras sus cuerpos quedaron en Soissons. El santoral hace mención de otros cuatro santos con el mismo nombre, todos pertenecientes a los primeros años del cristianismo, destacando San Crispín obispo, el primero que fue de la ciudad de Écija, también decapitado por profesar la fe de Cristo.
De esta manera me atrajo la vida de este desconocido santo que me llevó por mi deformación profesional a consultar la procedencia y evolución de la palabra "crispín". Y mire por donde, mi reflexivo lector, que, en su origen griego, es un término que significa "zapatero", de ahí la afición del santo a ejercer tan bendito oficio y, por ende, en la actualidad patrón de los zapateros, fabricantes de sillas de montar, y curtidores.
Paradójico y sorprendente paralelismo entre un Zapatero que precisamente hoy se va -Lucifer lo acoja en su infierno- y el santoral que también hoy se celebra. Casualidades de la vida. Y como le decía, hoy jornada de reflexión y mañana, mi dispuesto lector, a votar. Aunque tenga cuidado y no se confíe porque si el mencionado Zapatero ya no estará, nos quede, sin embargo, el diabólico Rubalcaba, patrón de los mejores trileros de España y el tío más malo que ha parido una madre. Eso sí que es para tenerle miedo. Atento.
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