¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
La ordinariez de la ordinalidad
Hay gastrónomos que reprochan a la hostelería española que base su oferta en la denominada quinta gama, la que ofrecen los comerciales a los restaurantes para que engorden sus cartas con platos que no se cocinan en sus fogones, tan solo se descongelan, se calientan y se sirven. ¿Truco o trato? Cada vez se guisa menos en las casas y en los fogones de los negocios, como cada vez se corta menos jamón. Se sirve el que viene envasado al vacío: un chorro de agua caliente durante siete segundos, las lonchas se ponen brillantes y se emplatan con gran lucimiento. Hay a quien no le importa pagar por productos de quinta gama. Y los restaurantes encuentran una solución a la falta de cocineros. Si al final no sabemos distinguir entre una fritura bien hecha, con aceite renovado, y una fritanga... Qué más da. Si no diferenciamos un consomé elaborado de principio a fin en la cocina de casa de otro preparado con caldo de pastillas... Qué más da. Si no nos damos cuenta cuando un arroz vendido como plato especial del día está cocinado con tomate de lata de otro con tomate despaciosamente elaborado en el hogar... Qué más da. ¡Quinta gama que te crió! Y bien que se disfruta, ¿por qué no? La clave es que se sepa en todo momento por lo que se está pagando. Mucho peor es que la quinta gama de la hostelería se sufra en la política. Nos tragamos cada dirigente de sexta o séptima gama que ni nos damos cuenta. Vienen precocinados en los aparatos de los partidos, envasados al vacío en las redes sociales y dispuestos a sentarse en el silloncito a repetir como papagayos el sota, caballo y rey de la política lanar, de carril y de argumentario. La quinta gama, al final, es un producto inmediato, que no requiere elaboración, de consumo rápido y que entra por el ojo. Y si no nos convence, ocupa poco espacio en la memoria. La quinta gama es un traje a la medida de la sociedad actual. Por eso triunfa. Consumimos polémicas en un santiamén. Nadie recuerda el muerto en la valla de Melilla, la salida tronante de Aldama de la cárcel, el portavoz de la oposición soltando una ocurrencia, la ministra Montero haciéndonos comulgar con ruedas de molino o los programas especiales sobre Julio Iglesias. ¡Quinta gama, mucha quinta gama! Tenemos una política tan de usar y tirar, de máquina trituradora por los efímeros que son algunos, y donde todo va tan deprisa, que se acuerda uno de las croquetas de calamares en su tinta o el pisto de quinta gama cuando ve a esos políticos que se han fabricado con tanta celeridad.
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