Los palos del avispero

04 de marzo 2026 - 03:05

La decisión de Estados Unidos e Israel de atacar Irán podrá tener los efectos positivos que se quiera, empezando por el descabezamiento del gobierno teocrático de los ayatolás, pero no deja de ser una mala noticia en cuanto decisión unilateral tomada al margen del ámbito de las organizaciones internacionales, lo que en sí mismo constituye un acto de flagrante ilegalidad. Ahora, cuando las consecuencias de una previsible respuesta del terrorismo de corte islámico no hace falta ni imaginarlas, se hace difícil no estar al lado de las democracias occidentales más cercanas, que han unido al dúo agresor sus fuerzas cuando se han visto concernidas en el enfrentamiento, pero vale la pena pararse un poco a pensar si no es mucho lo que se arriesga dejando la iniciativa geopolítica a alguien tan caprichoso e imprevisible como el presidente Trump.

Desde el fin de la Guerra Fría, cuando el equilibrio mundial se basaba en el reparto de áreas de influencias entre las dos grandes potencias, sabedoras de su gran potencial militar y de los límites que, precisamente por ello, se autoimponían respectivamente, el panorama ha cambiado sustancialmente al entrar en liza un tercer actor, China, que no está dispuesto a renunciar a su parte de la tarta. Lo que en teoría debería ser razón para revisar los mecanismos ciertamente gastados de las anquilosadas organizaciones internacionales, fomentando el consenso en las decisiones más gravosas para la población civil indefensa, ha servido justo para lo contrario, fomentando una cultura neoimperialista que, sorprendentemente, no para de ganar adeptos, a juzgar por los tímidos reproches que recibe.

Ojalá, como repite el presidente americano, lo de Irán dure cuatro semanas, y esa población inocente que ha tenido el coraje de manifestarse pueda votar en libertad algún día. Los hechos, ahí está Ucrania, ahí Venezuela, no invitan demasiado al optimismo. Hay demasiados intereses económicos y estratégicos para pensar más bien lo contrario, y de tiranos protegidos por los poderosos está la historia llena. En el tamtam de la guerra que suena a lo lejos, desde la vieja Europa poco podemos hacer, desgraciadamente. Pero dentro de ese estrecho margen, siempre mejor alentar los resortes últimos del multilateralismo que pegar más palos a ese avispero que siempre fue el Oriente Medio.

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