El parqué
Jornada de cautela
Elbinomio invencible volvió a serlo y a hacerlo. Porque el binomio siempre gana. ¿Pero esto del soccer no va de ganar uno y perder el otro?, pregunta James Dean a Liz Taylor en aquella peli de chico malo encuentra casualmente petróleo en un rancho de Tejas. Estos guapos no entienden nada, o, al menos, no han discernido, posiblemente por desconocimiento, lo que supone de enorme, colosal, imbatibilidad, eso que llamamos, superando banderines y camisolas de color disímil, el Binomio Invencible, vamos, lo que yo llamo el Barçamadrí o el Madridbarça, algo así como un Isabel y Fernando del fines del XV. Porque esta parejita llena adonde va como nadie, hace que miles, ¿millones? de árabes los tomen como uno más de casa, pues el águila bicéfala está por encima de cualquier dúo aunque pelee fieramente en esto que llamamos en la Plaza de las Canastas “cada pelota”. Precisamente en esto reside su gloria universal, en que ambos ganan siempre, no me refiero a cuál de ambos mete más goles en equis partido, sino que la gloria de ambos depende la del otro. No pueden vivir, ser, el uno sin el otro, matrimonio eterno que logra superar cualquier resultado. Imaginen que ambos hubiesen sido eliminados del torneo de los petrodólares en semis. La final entre los dos atléticos jamás habría alcanzado la sangre que hervía en el bellísimo nocturno del campo de la city de Yeda. No confundan con Yedra, que es una angosta callejuela por la que tantas veces he descendido para coger el tren, coger el vapó der Puerto pa ve a Paula o visitar al Padre Pozanco en el convento de Santo Domingo hace mil años.
Es esa rivalidad rayana en la estética de beberse la sangre del cadáver del otro reside lo que los hace invulnerables, simpáticos, a pesar de los Orioles o el mismo Flor, hoy de baja por tres a dos. Evidentemente el binomio va a muerte entre sí, como cualquier matrimonio. Se odian y se abrazan al final, como debe ser. Qué bonito el gesto de Vini cuando ya terminado el partido, se acerca a Araújo preguntándole por su crisis psíquica. O Rushford yendo a consolar a los blancos.
Imagínense una liga española sin uno de los dos, Qué peazo aburrimiento, titi. Y siempre la ganaría el mismo. Con lo que disfrutamos con el partido mundial, el que es capaz de reunir 500 millones de personas delante de un televisor, con los que disfrutamos todos por golear al otro…
El monomio blanco (dejando ya la fuerza portentosa, impar, del dúo) jugó a lo que juega desde hace ya bastante tiempo: Cortés (Courtois) le pega un patadón considerable buscando a Vini, quien como tiene un rival o poco más en miles metros cuadrados y, cuando quiere es tan bueno, puede triunfar. Antes eran Casillas y Ronaldo. El fútbol de Irlanda del Norte hace 30 o 40 años. Olvida Alonso que no siempre lo simple o la distancia entre dos puntos es la línea recta. Que casi siempre es mejor ir llegando en bloque, tocando y tocando, hasta que situamos seis dentro del área rival, momento en que cualquier carambola puede darte un título vestido de azul y de grana. Verbigracia: el que supuso el título. Por eso a Javi le han dejado comerse los polvorones y las escuálidas tabletas de turrón con que nos engañan ahora, pero hasta aquí llegó la fe.
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