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José De Mier Guerra

Rodrigón, billarda y palillo

29 de noviembre 2009 - 01:00

El rodrigón era un elemento imprescindible en la viña de Chiclana, en realidad es un palo o vara que se clava junto a la cepa y al que se amarra el tallo joven de la vid que ha quedado después de la poda, conforme va desarrollándose la cepa se va amarrando (remarra) al rodrigón de tal manera que se evita que los frutos, los racimos toquen la tierra. Se usaban de madera de pino, en enero cuando la savia está más parada se "marcola" el pino y, una vez limpia cada rama, se le hace una punta para facilitar que se clave en la tierra. Se van escogiendo los palos de aproximadamente metro y medio, los más gordos se juntaban por "cuartillas" (25 unidades) y los más delgados en haces (50 unidades). Los grupos se ataban con tonizas por los extremos. De la leña que sobraba de las ramas más pequeñas y las que no servían para rodrigones se hacían haces que se utilizaban como fuego para cocer el pan en los hornos.

Los rodrigones de pino había que reponerlos cada cuatro años aproximadamente, pues la madera se pudría, sobre todo el trozo que estaba en contacto con la tierra (en ocasiones bastaba con volver a sacarle punta a los palos buenos).

Hoy en día los que hacen la labor del rodrigón son unos alambres tensados a lo largo del liño (hilera de cepas), a los que se van amarrando las ramas y hojas de las cepas al crecer.

El juego de la billarda era un juego popular entre la chavalería de Chiclana no hace mucho tiempo y que hoy se sigue practicando en algunos pueblos de Canarias. Para jugar era necesario un trozo de rodrigón de diez a quince centímetros de largo al que se le sacaba punta por ambos lados, "palito" al que se conoce como "billarda". También era necesario un trozo de tabla o madera plana de unos cuarenta centímetros de largo a la que se hacía una escotadura para agarrarla, ésta se llama "mocho". La billarda se pone en juego dentro de un círculo de unos dos metros de diámetro, para jugarla se golpea con el mocho en uno de los extremos, con lo que éste salta y se levanta del suelo, una vez en el aire se golpea fuerte para tratar de enviarla lo más lejos posible.

Para practicar la billarda era necesario un espacio abierto, recuerdo jugar en la calle Jesús Nazareno, junto a la Alameda de Lora. Normalmente el juego se hacía por parejas y las reglas variaban no sólo de un pueblo a otro sino entre barrios. En Galicia se está recuperando el juego de la billarda y se hacen "ligas con equipos participantes", aunque en lugar de "mocho" se utiliza un palo o bate del mismo grosor que la billarda pero más largo.

A los rodrigones, grandes o pequeños, así como a las "horquillas" que se usaban con el mismo fin que el rodrigón por la parte de Jerez o Sanlúcar se les llamaba en lenguaje coloquial "palillos".

En la calle Caraza esquina calle de la plaza existían una nave de bodega que servía de almacén de estos palillos. La situación de esta nave, muy cercana a las Albinas con un suelo arcilloso, reunía unas condiciones ambientales excelentes para la crianza del vino fino, era una zona que conservaba la humedad y tenía una temperatura no muy variable, sometida más a los vientos de poniente y norte que a los de levante. Por ello, y allá por los años 50 del pasado siglo, se comenzó a ensolerar un vino fino.

Es decir que la nave servía para almacenar "palillos" y al mismo tiempo para criar vino, de ahí le viene el nombre de los pocos finos que nacen y se crían en Chiclana, el Fino Palillo. Esa "solera", esos vinos ensolerados se trasladaron muy cerquita, justo al lado, en la calle Mendaro.

En la actualidad, lo que existe en ese lugar es un telepizza y una gran tienda de esas de "todo a cien".

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