Pesadillas de altura

Si yo fuese ambiciosa pensaría que tengo perfil de ministra progresista

Primero fue lo de los másteres conseguidos sin demasiado esfuerzo. Lo pasé fatal porque recordaba la cantidad de veces que he soñado como venía el cartero en moto a casa con una carta certificada por la que se me informaba que había habido un error y que no tenía la carrera terminada. Miraba el título con desconfianza, pensando si esa pesadilla cualquier día se haría realidad y tendría que decir que llevaba años ejerciendo de abogada, pero sin el título de Derecho. Al parecer es un sueño recurrente entre muchos estudiantes.

Después vinieron las denuncias por plagio y entonces me vino a la cabeza otra pesadilla mil veces repetida: el director de este periódico me llama para decirme que cómo he podido escribir un artículo que es un calco del de cualquiera de mis columnistas preferidos. Tanto se repite el sueño que, como prevención y antes de escribir cualquier cosa, leo a todos los columnistas que me gustan y a muchos de los que no me gustan para asegurarme de que no me estoy repitiendo y que el director, al menos por esta vez, no me llamará para armarme la bronca. Incluso el día que se publica el artículo leo los demás para ver que no se parece demasiado a ninguno. He terminado por leer para matar una obsesión que no tiene cura.

Lo de Duque me alarma menos porque yo soy capaz de poner su misma cara de vuelto de los luceros, que para algo es astronauta, si me llega una carta de Hacienda. También he tenido mis pesadillas porque como me quede dormida al cartero lo tengo trabajando a destajo trayéndome cartas certificadas. Eso sí, no trae ni una carta de amor el puñetero.

Lo peor ha sido lo de la Ministra de Justicia y su grabación de hace mil años diciendo improperios en una charla entre amigos poco recomendables. Para eso no tengo que quedarme dormida. Yo tengo la lengua muy larga y muy rápida y soy capaz de decir cosas de las que inmediatamente me arrepiento.

Si yo fuese ambiciosa y tuviera confianza en mi futuro pensaría que tengo perfil de ministra de gobierno progresista, pero mi vanidad es aún mayor y pienso que puedo llegar a presidenta del gobierno sin problemas. Y es que lo que mejor se me da es cambiar de opinión, llevarme la contraria y, en sueños, sólo en sueños, escucho llegar al cartero con una carta certificada dirigida al gobierno de la nación. No sé si firmar o decir que aquí no vive ninguna Carmen Oteo. A ver si así despierto de la peor de las pesadillas.

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