De María Antoñeta al Cádiz burgués

El retratista de grandes personajes de todo el mundo Adolf Wertmüller llegó a España para retratar a sus soberanos y a gaditanos ilustrados En el Museo luce su 'Retrato de familia'

30 de noviembre 2013 - 01:00

AAdolf Wertmüller supo ingeniárselas para encandilar a las personalidades más importantes de aquellas ciudades por donde pasaba. Desde la reina María Antoñeta, de quien se convirtió en retratista oficial, hasta la alta burguesía gaditana, de la que recibió numerosos encargos durante la época en que el autor sueco vivió en España, atraído por la oferta que recibió en 1790 del embajador de Holanda en Madrid para pintar la corte madrileña.

"Era un pintor de grandes personajes, que pasó por París, vino a España, a Cádiz y luego triunfó en Estados Unidos", comenta el director del Museo de Cádiz, Juan Alonso de la Sierra, del periplo de un autor que también influyó en la germinación de las ideas ilustradas en Cádiz. De esta época gaditana es la obra Retrato de familia (1795) que luce en la pinacoteca, que fue donada a principios del XX (según figura en el inventario del Museo de Bellas Artes de 1916) por la nieta de una de las retratadas, "pues hasta entonces permaneció en las manos de la familia". Se trata de la familia del almirante Don Juan de Mendoza y su esposa doña Cristobalina de la Barba, que aparecen junto a sus hijos, hermanas de ella y el cónsul francés Don Luis Rivaupie, con la Gaceta de Madrid en la mano.

Fue el exdirector de la pinacoteca provincial Pelayo Quintero quien atribuyó la autoría de esta pieza a Wertmüller, que se inició en la Academia de Pintura de Estocolmo y que fue becado en París, donde se empapó del estilo francés de Joseph Marie Vien.

Su producción representa así la transición del barroco al neoclásico, aunque despunta sobre todo como retratista al estilo de Jacques Louis David. De hecho, "a pesar de ser un cuadro de dimensiones reducidas para un grupo tan amplio, el pintor muestra su calidad de retratista representando minuciosamente los rasgos de cada rostro. Las vestimentas, el mobiliario y los ademanes reflejan el refinamiento y cosmopolitismo de la burguesía gaditana de finales del siglo XVIII", dice Alonso de la Sierra.

Un excelente retratista, en definitiva, que no sólo pintó a la reina francesa tras la fama cosechada cuando expuso en el Salón Oficial una vez fue admitido como académico en París en 1781, sino a ilustres personajes de Lyon, Burdeos, Cádiz o Estados Unidos, donde se convirtió en un pintor de referencia hasta que una enfermedad de la vista le apartó de su pasión.

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