Pedro M. Espinosa

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Juan Cala y la presunción de inocencia

No creo que Juan Cala sea racista. Aunque tampoco tengo la sensación de que Diakhaby se borrara del partido por gusto. El episodio de racismo que denuncia el Valencia por parte del cadista me despierta tantas interrogantes como me dejó cualquiera de los que lamentablemente se han vivido anteriormente en el planeta fútbol. Eso sí, en la práctica totalidad de estos casos las decenas de cámaras que siguen el partido no han podido certificar su existencia. Ayer, en un campo vacío, nadie oyó a Cala decir lo que Diakhaby asegura que dijo. Sólo Gabriel Paulista, quien, por cierto, en un principio siguió la jugada como si tal cosa. El Valencia cree a su jugador, faltaría más. Y el Cádiz al suyo, está en su obligación hasta que alguien demuestre que miente cuando niega haber insultado gravemente al francés.

Pero, más allá de la deplorable y humillante frase, mi pregunta es si un futbolista, y con él un equipo entero, pueden abandonar un partido de fútbol de una competición oficial de manera unilateral aduciendo, únicamente, un insulto. Ahora es un supuesto negro de mierda, pero dentro de dos meses puede ser otro. ¿Y si le nombra a la madre? ¿a la hermana, como hizo Materazzi a Zidane en la final del Mundial de Alemania? El galo no se fue del partido, se dio la vuelta y le dio un cabezazo en el pecho al italiano. Roja para Zidane y Materazzi más feliz que una perdiz. ¿Qué hubiera pasado si Diakhaby hubiera reaccionado igual? Digo más, si en el próximo partido de Liga el Valencia va ganando 2-0 en el minuto 50 y un jugador contrario al que no le gusta cómo marcha el encuentro le susurra al oído a Diakhaby algo ofensivo ¿también se irá del partido? ¿Cómo de fina es la piel del jugador, del resto de jugadores de Primera División? ¿Si a un árbitro africano le insultan desde la grada en un campo europeo acordándose de su familia también se irá del campo, o sólo lo hará si considera que se le ataca por su color de piel? Otra pregunta: ¿Si un jugador de color en una final de Champions asegura que alguien le ha insultado puede meterse en el vestuario seguido dócilmente por todos sus compañeros? ¿Y los espectadores, cuando los haya, que digo yo que volverá a haberlos, qué hacen con sus entradas? ¿Se repite el partido? ¿Se castiga al equipo del infractor por un comentario de un tipo?

Estoy firmemente convencido de que hay que acabar con el racismo en el mundo. No digo sólo en el fútbol, digo en el mundo, pero también que hay que regular estas conductas y sus castigos para no dejar únicamente en manos de un árbitro la decisión. Y también hay que dejar bien claro que la cuestión no es si Cala lo hizo o no (que en cualquier caso está tardando en salir a explicarse y pedir perdón si fuera necesario), sino en hasta qué punto se puede adulterar una competición de esta manera. Porque la marcha de un equipo de un campo de juego puede producirse también en el último partido de Liga, con tres puntos vitales en juego para un descenso o un campeonato de Liga, y entonces habrá muchos afectados. Y ya se sabe que a pícaros no hay quien nos gane.

El Valencia pide una investigación a fondo del suceso a la LFP y me parece correcto. Y si Cala pronunció esas palabras deberá ser castigado. De hecho incluso el propio club que le paga debiera tomar cartas en el asunto para que el buen nombre del Cádiz no se empañe por este tipo de actitudes. Pero lo que no me parece bien es el akelarre al que están sometiendo al jugador lebrijano pasando por alto esa presunción de inocencia que tanto demandan los políticos cuando se les acusa de llevárselo calentito. En los tribunales de justicia la cuestión no es que el acusado haya cometido un delito sino que pueda demostrarse. Y, al menos hasta el momento en que escribo este artículo, nadie ha sido capaz de mostrar una imagen ni un audio en el que Cala insulta gravemente al valencianista.

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