La Azotea

Pilar Vera

pvera@diariodecadiz.com

Corazón pequeño

Uno de los motivos más frecuentes en las antiguas tarjetas de San Valentín son los pájaros. Nadie sabe muy bien por qué, aunque se creía que los pájaros empezaban sus cortejos en esta fecha. No está mal tampoco la interpretación alegórica: el corazón vuela, canta, salta, es ligero cuando te enamoras. Pues en vísperas de, y como otra alegoría en una época a la que tachan de narcisista, alguien ha descubierto la razón por la que la población de gorrioncillos se ha desplomado hasta niveles alarmantes: la malaria aviar, que se transmite a través de los mosquitos -que, a su vez, proliferan al calor del cambio climático-. Los gorriones no son sus únicas víctimas: también los herrerillos y los carboneros. No sé muy bien qué mano directa podemos tener en esto, pero sí que deberíamos hacer lo posible para procurar que el mundo siga contando con un puñado de las criaturas que vuelan y saltan e hinchan el corazón.

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