will storr | novelista y periodista

"Nuestro cerebro es el primer cuentacuentos"

El periodista y escritor británico, Will Storr. El periodista y escritor británico, Will Storr.

El periodista y escritor británico, Will Storr. / Capitán Swing

DESENCRIPTAR EL MUNDO. Cuando era joven, sus libros favoritos eran los de Bukowski. Asume que no era algo muy original aunque sí, en gran medida, inevitable: “Bebía un montón, no tenía dinero, me metía en problemas... Así que pensaba: soy como ellos”. Con el paso de los años, el mundo ha ido definiendo sus contornos para Will Storr, que ha ido contándolo en distintos escenarios a través de BBC World, y en libros que tratan de descubrir las claves de comportamientos sociales. Su último título, 'La ciencia de contar historias', acaba de ver la luz con Capitán Swing.

–La ciencia –y no el arte– de contar historias.

–La ciencia es lo que lleva al arte. El cerebro humano es un cuentacuentos primigenio: de todo lo que llega, hace una narrativa. Para mí, un acercamiento interesante al tema era hacerlo desde ahí, ver cómo nuestra cabeza crea historias, cómo experimenta la vida, nuestros problemas y tribulaciones. Lo que quienes cuentan historias intentan siempre es llegar al corazón de la condición humana, indagar en por qué cometemos los errores que cometemos, y eso es, también, lo que intentan hacer los psicólogos.

–De hecho, dice que los recuerdos más distorsionados son los que usamos para explicar nuestra vidas.

–Los recuerdos son una forma de contar historias. No podemos confiar en ellos, porque son parte de una historia que nuestro cerebro produce intentando advertirnos y adelantarse a los acontecimientos, para predecir cómo tenemos que actuar. Pero esas historias que conformamos nos indican, entonces, que las predicciones que va tejiendo nuestra mente tampoco son muy fiables... Cuando vemos que la gente actúa de forma extraña, o dañina, se debe a esas predicciones.

–Afirma que el elemento principal en una historia no es la trama, sino los personajes.

–Si vamos al inicio de la historia humana, y vemos por qué se contaban historias, una de las cosas que encontramos es que los seres humanos han sido siempre criaturas muy sociales. Enseguida salen a la luz cuestiones como cómo manipular o controlar a los demás y, para conseguir eso, lo primero que tienes que hacer es entenderlos. Hoy en día, el comportamiento de los demás también nos despierta una gran curiosidad, especialmente, si hacen cosas raras –esto lo podemos ver con nuestra fascinación por los famosos, por ejemplo–. Por eso creo que los personajes son el elemento crucial de la historia: el argumento es importante, pero sin personajes fantásticos e interesantes, no sería nada. No veríamos pelis ni series de Netflix si no nos presentaran a personajes enjundiosos, que nos conmueven o que tienen algo que queremos descubrir. Muchas veces te mueres de aburrimiento por eso mismo, porque los personajes son planos y el argumento se deshace o la historia que te cuentan, al fin y al cabo, no suele ser muy distinta a lo que ya te han contado antes.

"Para conseguir manipular o controlar a los demás, lo primero es entenderlos"

–La vieja castaña de que, realmente, sólo hay un puñado de historias.

–Exacto. De hecho, uno de los principales problemas que veo en la narrativa actual, audiovisual y escrita, reside en que no construyen perfiles potentes.

–Otro elemento de una buena historia, apunta, parte de la neurología, y son los agujeros.

–Por eso triunfan, y siempre han triunfado, las historias de crimen y misterio. Despiertan la curiosidad en la gente de manera espontánea, y nuestro cerebro se alerta: hay algo que falta y buscamos información, pistas, que tratamos de encontrar desesperadamente. También vale si, en una historia, sabemos algo que el personaje no.

–Y nos encanta que el orden se restaure, que el mal se castigue. ¿Es el auge de un tipo de historias como las de superhéroes, por ejemplo, un signo de que algo falla?

–No creo que haya nada raro en nuestra sociedad. Los superhéroes son figuras arquetípicas que nos cuentan cómo vivir y nos invitan a descubrir quiénes somos, por qué tenemos que luchar. Esto lo encontramos viendo quién es el héroe y quién es el villano, y qué comportamiento tienen. Si eres valiente y generoso, vas a ganar; si eres mezquino y egoísta, serás castigado. Hemos estado contando este tipo de historias miles de años: es una estructura hecha para enseñarnos que deberíamos ser lo mejor de nosotros mismos.

–Modelos que buscan la cohesión social, al fin y al cabo. ¿Dónde entraría aquí, entonces, la figura del héroe solitario?

–La del héroe solitario es una figura interesante. Soy algo escéptico ante la idea de que una historia se sostenga entera con un personaje así en sentido puro. Me explico, imagina al cowboy tradicional: puede sentir que está solo y que no hay nadie de su parte, pero vive una lucha contra el mal, en forma de algún matón o villano corrupto.

–Y, sin embargo, los males más atroces son perpetrados por individuos “de gran autoestima e idealismo moral”. Bueno, aquí sí que tenemos algo con lo que preocuparnos hoy día.

–Las historias que nos contamos pueden llegar a ser muy peligrosas, los relatos que vende la propaganda son muy seductores y la gente se confude con este tipo de idealismo. En The Heretics traté este tema, abundando en por qué las historias que persiguen la verdad son siempre parciales. Preferimos lo que llama a la emotividad. Y esto es así, sobre todo, entre la gente joven. Si vives sólo por lo que te cuenta un lado de la historia, tienes una forma nociva de asumir el mundo.

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