Cuarto de muestras
Carmen Oteo
Tanta hambre
DÍAS pasados fueron detenidas tres personas por haber practicado un robo por el procedimiento llamado 'del abrazo cariñoso': se acercan dos chicas, se ponen a tontear con un gachó, se le arriman un poco y le terminan robando un reloj o una cadena. Es un procedimiento que en Cádiz hubiera tenido mucho éxito hace años, dada la afición que siempre tuvo esta ciudad por arrimar cebolleta, como dicen en Madrid. Hubo siempre una extraordinaria proliferación de arrimateguis en la ciudad. Hace tiempo no había bulla en Cádiz, pagana o religiosa, donde no hubiera unos cuantos arrimateguis en acción. Como cantaban Los Tontos de Capirote (30 años ya) "poniéndole rabos a la gente en la recogida del Perdón". Daba igual si era en el autobús de Puntales, ante el paso de una procesión, en carnaval o en un concierto. Siempre se asomaba el rabino gaditano para frotarse un rato y alcanzar el éxtasis. Los tiempos han cambiado y si ahora pillaran a algún arrimategui lo linchaban, como en la película "Furia". Quizás es que se han atemperado las costumbres porque siempre hay un incauto que pica ante dos hermosas muchachas en flor que lanzan el anzuelo porque siempre hay gente incapaz de reprimir sus instintos y ante una insinuación o un requiebro son capaces de tirarse desde el undécimo. Debajo de los adoquines está la playa y debajo de la costra de educación y buenos modales siempre hay un satirón de Cádiz dispuesto a arrimarse aún a riesgo de perder una joya por mucho valor que esta tenga. En condiciones extremas salen a flote las más rancias costumbres gaditanas, la manera secular en la que algún salido daba rienda suelta a sus bajas pulsiones. Si se fijan ustedes en el cuadro de la proclamación de la Constitución de Viniegra seguro que ven algún arrimategui que otro con su traje de guacamayo o con su madroñera. Proclamar la libertad no impide practicar el libertinaje. ¿O se creían ustedes que el 19 de marzo de 1812 no se ponían rabos? Pues estaban ustedes muy mal informados. Ni las piconeras iban vestidas de seda y terciopelo, ni los flamantes integrantes de los Batallones de Voluntarios eran unos austeros y recatados varones. No sé si Valentín-Mattan ElFenicio ya practicó costumbre tan gaditana, porque solo sabemos cómo murió, pero si hubiese habido alguna bulla, no le quepan a ustedes la duda de que se hubiese acercado a ver si se rozaba. Eso por no hablar del desenfreno en el Teatro de los Balbo ¿Te voy a engañar yo a ti?
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