La vida es muy cruel

05 de julio 2023 - 06:00

El soneto que transcribo a continuación, demuestra la hilaridad con la que Cervantes describe el hambre de figurar y el famoseo ante el túmulo enorme y erigido en la Catedral de Sevilla en memoria de Felipe II. "¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza/y que diera un doblón por describilla! Porque ¿a quién no sorprende y maravilla/ esta máquina insigne, esta riqueza? Por Jesucristo vivo, cada pieza/vale más de un millón, y que es mancilla/que esto no dure un siglo, ¡oh, gran Sevilla!/Roma triunfante en ánimo y nobleza. Apostaré que la ánima del muerto/por gozar de este sitio, hoy ha dejado/la gloria, donde vive eternamente. Esto oyó un valentón y dijo: Es cierto/ cuanto dice voacé, seor soldado/Y el que dijere lo contrario, miente. Y luego, incontinenti/caló el chapeo, requirió la espada/miró al soslayo, fuese/, y no hubo nada". El citado túmulo estuvo de pie mucho más tiempo del previsto en la catedral de Sevilla. Se había decretado que en todas las villas, ciudades y lugares del reino, se llevasen a cabo honras funerales por su Majestad, lo más "honrosa, costosa, y sentidamente" que se pudiere. Tardó cincuenta y dos días en erigirse, y se dispusieron las honras para el 24 y 25 de noviembre. Pero, empezada la ceremonia, surgió un conflicto entre el Tribunal de la Inquisición y, de otra parte, el Cabildo y la Audiencia por cuestión de precedencia, con interrupción de la misa y excomunión del Cabildo o Ayuntamiento. (Siempre igual), y estuvieron de disputas hasta el 30 y 31 de Diciembre. El Rey había muerto el 13 de septiembre. Porque a quien no sorprende y maravilla la vanidad humana esponjada por figurar lo más cerca del túmulo del muerto. Esto era Sevilla. Y España entera. Ayer y hoy. Y los escritores eran peores y meninos, Alonso del Castillo Solórzano, describe la vida de los escritores en Madrid, como "un maremagno donde todo bajel navega, desde el más poderoso galeón hasta el más humilde y pequeño esquife; es el refugio de todo peregrino viviente, el amparo de todos los que la buscan; su grandeza anima a vivir en ella, su trato hechiza y su confusión alegra". Allí Cervantes, rodeado de escritores, cientos, amigos de Lope, era tenido a menos. Lupercio Leonardo de Argensola no lo llevó en su séquito a Nápoles, al igual que el rey muerto. Voy a nombrar unos cuantos escritores que pululaban por Madrid y que no eran Góngoras, ni Quevedos, ni Lope, ni Tirsos: Rojas Villandrando, el del viaje entretenido, Francisco Jiménez de Urrea González Munébraga, Vélez de Guevara, Mira de Amescua, Ruíz de Alarcón, Diego Jiménez de Enciso, Pedro Medina Medinilla, Bartolomé Jiménez Patón, Juan Pérez de Montalbán, hijo del editor de Lope, Marcelo Díaz Callecerrada, Cristóbal de Mesa, Mateo Alemán, Diego Duque de Estrada, quien fue corsario, Cristóbal de Fonseca, Alonso de Ledesma, iniciador del conceptismo y al que señalaron entonces como autor del Quijote de Avellaneda…Y un Lujan de Sayavedra que hizo con Mateo Alemán lo mismo que el avellanado Avellaneda.

Pobre, sin casi emolumentos, perdidas muchas de sus obras, vendidas también, soportando codazos, desdenes, envidias y hambre. Herido en la mano y en lo moral. Encarcelado muchas veces en -Árgel, Argamasilla, Valladolid, Castro de Río, Cárcel Real de Sevilla-, excomulgado cuando estaba en Écija por el Vicario General de la Catedral, zaherido por Lope, por Avellaneda fuese quién fuese, por Quevedo, por Góngora, tildado de viejo y caduco. Parecía mi pueblo de ahora, musa de vanidades engoladas, buscando siempre un mecena y parece que, además, diabético. Así murió, escurecido, cómo se decía entonces, sin reconocimiento que no fuese el olvido, buscavidas entre mujeres, en el pañuelo mínimo del Madrid de entonces, Conventos y hermanas de Venus, esto es, monjas y meretrices. "Había muchos más lupanares que huertos, casas de consentimiento para una soldadesca castigada por la sífilis. Pícaros y valentones que se calaba el chapeo y sin que hubiese nada. Mi homenaje de hoy a tanta y triste vida".

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