El parqué
Ligeros ascensos
Aveces me entran ganas de convertirme en troll. Ponerme por ahí a desparramar opiniones, regurgitar doctrinas, sentar cátedras sobre asuntos espinosos como corvinas, injuriar a los disidentes. Iría desmontando, una a una, todas esas parrafadas que me encuentro en los comentarios de cualquier portal web. Dogmatizando a la peña, escolarizando a los que no se callan, adoctrinando a sus hijos, iluminando a los oscuros y a los grisáceos. Humillando perspectivas y posturas ajenas. Mancillando argumentos y bulos cocinados en las cloacas. Sabéis a lo que me refiero: Hay que, tenemos que, tienen que. Arreglemos el universo empezando por la ribera del Río o viceversa.
Me entran ganas de ser un troll, de vez en cuando, para irrumpir al abordaje en las redes sociales, construyendo verdades incontestables, debatiendo con napalm en mi boca, sembrando acusaciones contra alcaldes que quieren hacer trampas, no trabajar y seguir cobrando, o contra policías que escriben poemas numéricos en sus bloc de notas, o contra los apresurados que pilotan patinetes eléctricos, o contra la colonización alienígena. Esos temas que te hierven. Tú ya sabes.
Ser troll no es bueno. El troll es capaz de herir sentimientos desde el anonimato y lo intenta constantemente. Supuestamente, es un ser solitario, aunque viva rodeado de sus semejantes. Y nadie le puede cambiar. Debo aclarar en este punto que Shrek no era un troll, sino un ogro. No sé por qué la gente se confunde con este importante detalle.
Por eso al final siempre me resisto. Para luchar contra la tentación de convertirme en troll lo primero que hago es apagar la pantalla, y luego, a ver, pues desempolvar un libro, tocar la guitarra, escuchar música, limpiar la casa, bueno, limpiar no, que eso lo hago en otro momento, dar paseos, ordenar las fotos antiguas, ojear un mapamundi, descabezar gambas, sacrificar muebles de Ikea, bailar cumbia delante de mis hijos, decir pamplinas, escribir puñetas pequeñitas... Y me funciona, la verdad. Probadlo.
También te puede interesar
El parqué
Ligeros ascensos
Un niño
El ‘show’ de Trump arrasa audiencias
Balas de plata
Montiel de Arnáiz
Feliz Carnaval