La esquina del Gordo

El trampantojo de 2050

Cualquier subterfugio es bueno para hacerse notar y para seguir faltándole el respeto a los demás negándoles el derecho a que accedan al único camino creíble y viable, el de la educación sin dogmatismos

Trampantojo es una palabreja que últimamente se ha puesto de moda y, como sabe, significa: "Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es". Está claro que achacar esta situación al sujeto monclovita y a sus diarreas mentales de cara a ese año, sería un poco atrevido, pero él es así de audaz, de comprometido cuando de nuestro bienestar se trata, y como ya sabe las desconfianzas que provoca —muchas de las cuales generan motivos para la sorna y el cachondeo—, no puede evitarlo; a la postre nadie tiene la culpa de que un día defienda una teoría y a la media hora, la contraria. Lo importante es hacerse notar. ¡Con decir que lo penúltimo que ha hecho ha sido poner a Largo Caballero como modelo de demócrata…!

No es de extrañar, pues, que toda la operación futurista tiene la misma credibilidad que si este sujeto anunciara para esas fechas que las criaturitas nacerán con chichi y pitilín por aquello de la transversalidad; que el talento no será una consecuencia natural de la inteligencia sino un preparado artificial, envasado al vacío, que se comprará en los supermercados, como el chopped pork o la pechuga de pavo a las finas hierbas.

Cualquier subterfugio es bueno para hacerse notar y para seguir faltándole el respeto a los demás negándoles el derecho a que accedan al único camino creíble y viable, el de la educación sin dogmatismos que, como se está viendo, sólo conduce al borreguismo integral, como todo lo que no es capaz de consagrar la singularidad de cada persona, que no es tal mientras no se le reconozca que es única e irrepetible. Todo lo demás, como apunto más arriba, son transacciones comerciales, intereses espurios o lo que es peor, invasión en la intimidad individual impidiendo, en aras de su propia libertad, que decidan su futuro con la dignidad y la solvencia que hoy es irrealizable gracias a la amenaza que, de forma sistemática se viene inyectado a esta sociedad con más miedo que esperanza.

Porque se trata de que toda ella se vaya acostumbrando a vivir al dictado que toque en cada momento: cuándo y cómo viajar, qué comer, redefinir el concepto familiar, las relaciones humanas, los contratos y la forma de trabajo, todo bajo el trampantojo de la tecnología, de que los robots sean los encargados de facilitar el bienestar del que hoy carecemos aunque sea a costa de sustituir la inteligencia natural por otra artificial que, como tal, podrá ser manipulada a voluntad del Poder si así lo deseara. Que lo deseará.Como siempre, surge la sospecha lógica y habría que preguntarle al "proyectista": "No me diga qué va a hacer, dígame cómo sin herir a nadie". ¿Indultando a los políticos de mierda? ¿Negando la iniciativa privada? ¿La armonización fiscal a escala de alpargatas? ¿Administrando las crisis a conveniencia? ¿Estatalizando hasta el pensamiento?

Si todo esto no es un trampantojo, por favor, dígame que no es una caricatura de ese sueño de la razón que produce monstruo

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