La amnistía como excusa

10 de noviembre 2023 - 06:00

Sucedió en un partido de fútbol, aunque suele ser muy habitual, que el resultado no fue el esperado viendo lo sucedido en el campo a lo largo de todo el encuentro. Hubo un equipo que puso todo el juego durante el partido, tuvo todas las oportunidades de marcar goles, fue una máquina engrasada que hace funcionar al equipo de una forma sincronizada. En definitiva, un equipo que sabe a lo que juega y que es lo que tiene que hacer para conseguir ganar. Ni que decir tiene que todos sus aficionados daban la victoria por segura. Enfrente tenía un contrincante más poderoso que él, con más presupuesto, mejores jugadores, pero que atraviesa un mal momento. En el campo se movía como un equipo mediocre, no sincronizado ni organizado, falto de espíritu, como un equipo sin alma. El pez chico se estaba cenando al pez grande.

Pero el fútbol es fútbol, como decía un importante entrenador, y, metidos ya en la prórroga final con el empate en el marcador, resulta que el equipo que había jugado peor, que había tenido menos oportunidades, en definitiva el equipo al que todos los espectadores y televidentes les daban por perdedor en el último suspiro mete un gol y acaba ganando el encuentro. ¿Inmerecido?, ¿injusto?, ¿sorprendente? Sí y más, pero un resultado totalmente legítimo, indiscutible y aceptado por todos con deportividad.

Pues esto es aplicable a la política real española. Había un partido político que tenía todas las papeletas para ser el próximo gobierno de España. Una larga campaña de favores mediáticos que le aupaban al poder, un líder puesto al gusto de sus aduladores, unas encuestas que llevaban mucho tiempo creando una potente opinión de que serían ganadores de calle. Enfrente, un partido con un desgaste mediático brutal influyendo en la opinión pública, con un líder sometido a todo tipo de insultos y desprestigio, y con unos socios de gobierno que para nada le beneficiaban. Con este panorama todo corría a favor de un partido en la oposición hastiado de halagos y manejados por encuestas y opiniones interesadas.

El resultado no fue el esperado. El aspirante ganó las elecciones con muchos menos votos de lo que le vaticinaban las encuestas y cuyo resultado no le ha valido para llegar al poder. Es como si le hubiesen marcado un gol en la prórroga.

Pero lejos de aceptar el resultado, como marca la Constitución, como malos perdedores anda quejándose, buscando el VAR salvador y tildando a su oponente y legítimo ganador de haberles robado el resultado y la presidencia del país.

Para ello se rodea de sus medios afines, jueces afines, patronos afines y empieza a sacar a la calle a sus hooligans con el mensaje de que les han robado el gobierno. El largo lamento por el poder perdido, tomando como excusa la amnistía porque sin esta se habría sacado otra, se convierte en lo que estos días estamos comprobando, que el llanto acusador se transforma en violencia y cuando esta llega es muy difícil de parar.

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