Análisis

José guerrero 'yuyu'

Para el mosqueo, pastillas Timoteo

Se acostumbra uno al jamón serrano y cuando vuelve la mortadela le hacemos asco

Que el fútbol no tiene memoria no es nada nuevo. En el fútbol el pasado no sirve de nada, excepto para presumir, y el futuro no vale si no es mejor que el presente. Aficionados, directivos, prensa y todo lo que rodea a este mundo del balón tiene memoria de pez, salvo honradas excepciones. Por eso no me extrañan las declaraciones del entrenador del Cádiz a esta alturas de la temporada. Afirma no sentirse valorado por los medios, soportar una presión excesiva por lo que se exige al equipo y siente que se está restando méritos a lo que ha conseguido en el banquillo. Y claro, todo esto ha traído cola. Cervera no carga las tintas ni contra el club ni contra la afición, solo contra los medios (imagino que no todos). Y como generalizar no es bueno, habría que hacer algunas distinciones. En líneas generales (y jugando un poco a ser Rappel) creo que el entrenador cadista ha dicho menos de lo que piensa, es decir, no solo se siente minusvalorado por ciertos medios, sino también por parte de la afición. Sí, no se echen las manos a la cabeza, porque hay parte de aficionados de los que acuden a Carranza y también de los que lo ven por la tele a los que le sabe a poco lo que está haciendo este Cádiz de Cervera. Gente que exige más y más, sin dignarse echar la mirada atrás para valorar de donde venimos. Y si esto está en la afición, imagino que también lo estará en algunos medios. Y oye, cada uno tiene derecho a pensar y a decir lo que quiera, faltaría más, pero entiendo que Cervera se mosquee. Lo habitual mata los sueños. Es el problema de los nuevos ricos, que hacen ostentación de su billetaje sin acordarse de donde vienen. Y eso pasa en el fútbol. Se acostumbra uno al jamón serrano y cuando vuelve la mortadela le hacemos asco. Y sí, es cierto que nos acomodamos.

Hace muchos, muchos años, en una galaxia cercana, como es el Carranza, el cadismo se volvió loco con un ascenso a Primera, donde se permaneció durante ocho temporadas seguidas. Y del éxtasis de la primera temporada se fue cayendo en la apatía de ver al Cádiz entre los grandes. Dice la leyenda, no sé si cierta o no, que en el año en que el Cádiz consiguió su mejor clasificación, duodécimo, con Víctor Espárrago, Irigoyen le dijo al uruguayo que con tanta tranquilidad en la tabla no había emoción y la gente no venía al campo, sugiriendo más o menos veladamente, dejare ir un poquito para dar emoción a la cosa.

Venimos de campos de semi albero, de campos de césped artificial, de estadios con muros de ladrillo pegado a las porterías, de jugar en el Polígono Industrial Arena, de casi bajar a Tercera y ¿ahora esto nos parece poco?. ¿De partir como candidatos a eludir el descenso a estar pelando por subir directamente?. Pues miren, yo no sé si serán más o menos, pero hay gente que piensa así. Y a este Cádiz lo único que hay que exigirle es entrega al cien por cien. Nada más. Y cuando estás donde estás, con lo que tienes, aunque haya solo uno que piense que es poco, tienes derecho a cabrearte. A por el Reus.

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