Es un animal que genera miedos atávicos. Su persecución inmisericorde –a tiros, trampas y con veneno- lo llevó al borde de la extinción en nuestro país. Pero las mentalidades cambian. Hoy conocemos el valor de la biodiversidad y el importantísimo papel de los depredadores en los ecosistemas. Y hay medidas para prevenir o compensar el daño que puedan provocar a la ganadería extensiva. Los mastines, animales potentes y nobles, son el mejor invento contra el ataque de los lobos al ganado.

En Andalucía, los lobos se han extinguido sin apenas notarse. Los últimos ejemplares sobrevivieron hasta hace bien poco en la Sierra Morena oriental. La última foto de un lobo data de 2006; desde entonces, nada.

A diferencia de los enormes esfuerzos realizados para evitar la extinción del lince, la Junta de Andalucía no ha hecho nada para evitar la desaparición del lobo. Más aun, los partidos políticos que han gobernado en Andalucía –el de antes, y el de ahora- han apoyado campañas de organizaciones agrarias y de algunos ayuntamientos en contra de la protección del lobo. El resultado… no quedan lobos en Andalucía.

Y ahora proliferan ciervos y jabalíes, provocando daños a la agricultura y a la regeneración de los bosques; y en vez de restaurar los equilibrios de los ecosistemas, lo que se propone es más caza, incluso en tiempos de pandemia.

En Cádiz, del lobo sólo quedan los recuerdos de los viejos cazadores, transmitidos por generaciones, y la toponimia. Puertos, cerros, majadas... del lobo jalonan las sierras gaditanas. El último lobo se abatió en 1912 en los Montes de Jerez.

El lobo ha vuelto a la actualidad porque la Conferencia de Comunidades Autónomas ha decidido protegerlo a nivel nacional; eso sí, con la férrea oposición de las Comunidades del noroeste, las que más lobos tienen, y -¡oh sorpresa!- de la Junta de Andalucía, que una vez dejado extinguir al lobo, no quiere que vuelva a nuestras sierras. Sencillamente lamentable.

La estulticia humana provocó la desaparición en Cádiz de osos, lobos, linces y águilas imperiales. Ya es hora de remendar este enorme error histórico. Sólo han vuelto las imperiales, que ya se pueden observar en La Janda y en el Parque Natural Los Alcornocales. Toca recuperar el resto de nuestros grandes depredadores.

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