El pálpito amarillo

Manuel Amaya Zulueta

Gil y los tres partidos

04 de mayo 2025 - 03:07

Giliquiso ser Stegen y nos ofreció la guinda podrida de un pastel emponzoñado, dentro de una tarde horrorosa. Espeluznante. Demoledora. ¿Le estarán haciendo la cama a Garitanogaditano?, pensé al ver el mamarracho del primer tiempo. Nadie corría, nadie metía el pie, el centro de la defensa era una abertura colosal. Llevan el escudo del Cádiz, el nombre de Cádiz por España. No quiero pensar que hubo ocultos, secretos fantasmas por el verde del Arcángel, la traición. Me niego a conjeturar, no, no puede ser. Pero es que esos rayados cordobeses entraban en el área como hacíamos cuando jugábamos en Cortadura contra adolescentes inexpertos. Una dana de fútbol la del equipo de la Mezquita. Qué pedazo de conjunto, especulaba en el butacón. Nos estaban dando somanta. Y menos mal que sólo nos habían encasquetado un gol. Uno. Pero Gil se creyó Maradona y… No quiero seguir por ahí, porque me van a demandar por insultos gordos. Se me calienta la boca y… Callo, pues. La ira enconada se subía a la boca abrasándola. Que es mi equipo, Gil, picha. ¿A ti no te quema por dentro, no te duele el Cádiz? Esa chocarrería derivaría en penalti y expulsión. Un inciso grave. ¿No es demasiado antifútbol, demasiada severidad penalti y rojita? Digo antifútbol porque jugar con uno menos es romper un partido. Propongo que todo expulsado sea sustituido. Jamás permitir once contra diez. Eso es antideportivo, eso es un tiro en el páncreas al balompié. El fútbol NO ES UN DEPORTE, no, lo era en Cortadura, jugando descalzos, pero el profesional es UN ESPECTÁCULO. Por el que hay que pagar, y bien, como en la ópera. ¿Se imaginan ir a la Scala de Milán y cuando está usted oyendo don Carlo, expulsan a Plácido Domingo. La gente paga por ver un espectáculo entero, no desigual, y que proponga, al menos teóricamente, una igualdad de guerreros. Once contra once, señores que manejan el taxi del fútbol. Ya. ¿Roja? Vale, pero que entre otro. Lo actual es un engaño, una perversión absoluta.

Tras la broma macabra de Gil, gol. Dos a cero. Cualquiera levanta esto, me telefonea mi hija. Y cómo está jugando el Córdoba, Pati. Ocho nos van a meter. Si no tuviera que hacer esta crónica, apagaba la tele y me ponía a leer a Jules Laforgue. Bueno, al turrón. Titulé tres partidos dentro de uno, ¿verdad? Bueno, pues con el pitido final del primer acto, ha finiquitado el partido A. Gran kk. Gran tirón de orejas de Garitanogaditano en el vestuario. Empieza el partido B. Y el furbo nos muestra esa cara que no tiene ningún deporte, la otra, donde un equipo paupérrimo, que parecía un mecano en manos del Córdoba, mete dos cabezazos espléndidos y el marcador ya no es de nadie. Iguales. Misterio. Por eso se llenan los campos, porque nadie sabe nada de esto. ¿Qué lógica guapa guarda el jodido balón? Ninguna, he ahí su encanto. Entre otros. Dos players que deben jugar aunque tengan Covid, fiebre, diarrea, han cabeceado de maravilla. No daba crédito a lo visto. No lo entiendo; pero me gusta. Ole, viva mi Cai. ¿Han visto como un aficionado a esto cambia de opinión en un plis plas? Pues eso. Garigadi, lo notamos todos, se apercibió de que por dentro se metían como lobos los verdiblancos y metió al bendito Chus goleador. El otro, uno de los mejores peloteros del Levante en primera, Roger. Ole tú, Roger, porque peleaste contra todos arriba. Vergüenza torera se llama eso. Perdón, no se enfade, señorito ministro de cultura, era broma, no lo haré más. He pecado, he nombrado los toros, mecachis… El match B dura hasta que el trencilla pita un penal dudosillo. Gol again. Se rompió el sueño del empate, que hubiera sido glorioso. Poco dura lo bueno. Y el partido C empieza ahí, con un equipo cansadísimo que ya no puede. El cuarto llega al final. A mí me da lo mismo perder 3/2 que 4/2. Por un gol más no vamos a ir a Tercera. Buenos días, Gil.

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