Telefoneo a El Pálpito Amarillo. "Me acabo de duchar, tito, es que los sábados no pago luz y aprovecho". Estará secándose con uno de esos albornoces amarillos que tiene, y paseando al solecito por su jardín, entre rosales (amarillos), jacintos (amarillos) y pensamientos amarillos… "¿Qué quieres, picha mía?", "Na, ya sabes, como hoy juega el Glorioso…" le dejo caer; "que luego los del palco de Asisa me preguntan por tu vaticinio". "Ganamos por la mínima al Elche con muchas fatiguitas, puntuamos sin problemas en San Sebastián que ahora lo llaman Donosti los inocentes chavalillos de Bildu, vencemos a un increíble Madrid europeo que solamente piensa ya en el Liverpool y terminamos goleando al Alavés. Ya te lo dije hace una semana, después de arañar un puntito dorado a los palanganas". "Y ¿no te da gindama equivocarte? Que esto sale luego en el Diario de Cádiz". "A mí ¿de qué me va a dar miedo, si eso es lo que sienten mis tripas? Miedo de estar ahora mismito en Ucrania; pero de defender al Glorioso, aunque sólo sea con la imaginación, nada". "Bueno, hasta luego en la escalerilla, ¿no?". "Allí estaré con maceta-cubata, como siempre. Ah, y a ver si te llevas a tu hija, que los dos únicos días que ha ido, ha coincidido con las dos únicas victorias del Glorioso en Carranza." "Sí, va, sin problemas." "Ésa sí que es cadista hasta la médula ósea, mira que ir por tor centro de Jerez con la camiseta de Kiko. Eso tiene mérito, oé. Díselo a Carlos Medina que la hace reina del carnaval de momento".

Bueno, ahora, metidos ya en la realidad de la tardinoche, efectivamente, hemos pasado por la piedra al Elche y a ese portero canijo que tiene que para pa to sus tuus. Menos mal que algunas veces se resbala y ahí está la cabeza del internacional Negredo para darnos una de las alegrías más grande que yo he percibido en Carranza. Retumbaban los asientos y los tímpanos temblaban. Qué júbilo. Porque llevábamos un siglo esperando que ese diablo de balón durmiera la siesta en las redes de fondo sur. Rugía Carranza de nuevo. Y luego, ese Sobrino, que está pidiendo más minutos a su tío Sergio, efectuó un acto de fe. Una bola larga, un portero que va tranquilo hacia ella, un amarillo que empieza a correr saltándose líneas, desde prácticamente el centro del campo, ese goalkeeper que cree que tiene las medidas cogidas, ese encontronazo allí donde no se puede usar las manos, ese salto de los dos y ese tío (de sobrino nada) que se la lleva con la cabeza. El balón entra despacito, no hay ni que empujarla, porque el coscorrón ha sido tan sutil, que no hubo que tocarla más. Carranza rugió otra vez. Y, finalmente, el éxtasis, cuando Choco, que sabe moverse en el área como nadie, porque tiene la tranquilidad de los grandes en los metros finales, nos deja muertos. Del postpartido ni les cuento. Sólo que la Furia Gitana, que es quien más quiere a nuestro Glorioso, dio una vuelta al ruedo de torero-torero.

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