El Alambique
J. García de Romeu
Mi amigo Miguel
Aunque, vaya por delante, de vinos sólo sé bebérmelos, hoy he aprendido un par de cosas iluminadoras. Entre los sorbitos de sabiduría que mantengo en el paladar está la historia del palo cortado, una diva que da la cara cuando le da la gana. Un vino que parece destinado a un camino pero que, sin saber el cómo ni el por qué, acaba tomando otro para convertirse en algo diferente. Nariz de amontillado, cuerpo de oloroso, dicen. Una desviación insólita en la bodega que últimamente contrasta con el volumen de su producción y venta. Oye, ¿será palo cortado todo lo que se vende como palo cortado?, me pregunto sosteniendo (qué novelerío) el catavinos mientras sigo el debate de candidatos a la alcaldía. También busco ahí a mi palo cortado. La brillante excepción que se desmarque de dogmas y discursos prefabricados. El chiste viene cuando te acuerdas que hay veces que ni un experto distingue el palo cortado del amontillado.
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