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Zarra fue un delantero centro casi olvidado hoy día por el aficionado de esta nueva religión que llamamos fútbol. Zarra jugaba en el Bilbao. Es más de mi niñez que no Athletic, que no quiere decir nada. Yo nunca lo vi jugar, era mu chiquetito, que diría un calé. Ni qué decir tiene que aquellos años finales de los cuarenta y los cincuenta, los españoles eran del equipo de su ciudad y después del Bilbao, pues recuerdo nebulosamente, como empieza su Sonata de Otoño mi admiradísimo Valle-Inclán, que en la lejana infancia se oía decir: “Yo soy del Bilbao porque todos sus jugadores son españoles”. La gente estaba cabreada porque los dos de siempre se habían reforzado divinamente con las presencias de extranjeros: Kubala, Di Stéfano, Puskas, Kocsis, Kopa y otras perlas, y consideraba que, aprovechando su mayor poder adquisitivo, desnivelaban la balanza de la justicia deportiva, lo que ya sería definitiva deriva de todo el fútbol nacional hasta nuestros días. Money, money, money.
Máximo goleador de la Primera División durante más de 60 años, con 251 goles, todo eso se acabó al aparecer el más grande: el pequeño Messi. Y el que más goles anotó en el Bilbao: 335 goles. Y el Pichichi: seis veces. Mas de nuevo el Másgrande superó con siete a ¡La mejor cabeza de Europa después de Churchill!, carteles que pegaron los suecos por Estocolmo ante un España-Suecia. La vida. Colofón glorioso: jugó 20 partidos con España: metió 20 goles. A ver quien supera eso. Toma ya.
El amable lector se preguntará qué pinta este esbozo de la vida de la eximia cabeza en una crónica -o parecido- relativa al último partido del Glorioso en Canarias, de donde salió victorioso debido a un estupendo segundo tiempo. Y escribo victorioso porque un empate en el feudo de un equipo que juega muy bien al fútbol y que nos dobla el puntaje en la tabla es una victoria. Y es un laurel ver al Glorioso por encima del Sevilla, un equipo lleno de grandes triunfos hace meses solamente, fastos que, creo recordar, no han pasado nunca.
Pues bien, ahí va la respuesta. El gol que mete de cabeza nuestro ZARRA casi al final es eso, un gol tipo Zarra. Zarramarillo estaba casi fuera del área, ve el dibujo del balón en el aire y empieza a correr hacia éste con fe, con fuerza, pone la frente como Zarra y la bola pasa a unos centímetros del portero, o sea, que habría sido muy fácil pararla… Muy fácil pararla si no hubiera ido, a, no sé, ¿noventa, cien kilómetros por hora? Porque el zarrazo era imparable, un fórmula uno redondo. Lo de siempre, besos, abrazos, la pata del sofá que cruje, llamada a mi Pati, que es más amarilla que el Sol y le había tocado ya el gordo del 22.
Que sepas, Cris Ramos, que a partir de ahora te apelaré Zarra, Zarrita o Zarramarillo. Como la Furia Gitana ya no se llama Fali, nombre que se le queda cortito para su bonhomía a ese nuevo Miqueli que nos ha nacido. Y el Cádiz SAD es, nada más y nada menos, que el Glorioso, y la Tacita de Plata pemaniana es mi Tacita de Oro. Amén.
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