El Trambahía

Algunos políticos tuvieron que dejar atrás sus críticas cuando entraron en el gobierno de la ciudad para aliarse a favor de la realidad de una obra de alto coste financiero que favoreció a La Isla

27 de octubre 2023 - 08:00

Posiblemente haya sido la infraestructura que haya coleccionado más críticas de la ciudad. También ha sido la que ha cumplido más trieños desde el inicio hasta su terminación. Se podría decir que ha sido odiado por muchos y bendecidos por pocos. Políticos, comerciantes, ciudadanos, asociaciones, todos en contra de una obra que se hizo interminable, molesta, dudosa, que llegó a acumular muchas reclamaciones de todo tipo y que incluso llegó a ganarse la incomprensión de sus iniciales defensores. Incluso se formó una asociación de ciudadanos y quizás más comerciantes que veían sus intereses en peligro al peatonalizarse la calle Real. La creación de la asociación del Casco Histórico, nacida para combatir los efectos de un nefasto (según ellos) Peprich, se encargó de hacer una atroz crítica del tranvía que dividía la siempre cuestionada arteria principal de la ciudad. La política se encargó de que estos grupos combativos fueran perdiendo fuerza. Incluso le costó el cargo a algunos políticos que tuvieron que dejar atrás sus críticas para luego, cuando entraron en el gobierno de la ciudad, aliarse a favor de la realidad de una obra de alto coste financiero y que favoreció a La Isla con otras inversiones necesarias. El tranvía también derramó mucha tinta pues fueron muchos artículos y crónicas los que contaron, tanto a favor como en contra, esta odisea de la obra más larga que se recuerde en la ciudad.

En favor de estas protestas hay que decir que el tranvía nunca fue bien entendido pero tampoco bien explicado. Una obra de tanta envergadura, que provocaría tantos cambios, que cambiaría la fisonomía de la ciudad e incluso cambios en la vida cotidiana y costumbres de los ciudadanos, quizás estuvo falta de más pedagogía por parte de los políticos responsables de este transporte. Los comerciantes y empresarios se quejaban, y con razón, que a ellos, principales beneficiados o perjudicados por las obras, no se habían dirigidos oficialmente. Hay que recordar que el viaje pagado, creo que a Bruselas, con fondos públicos, es decir dinero de todos, se hizo a un país que en nada se parece a nuestra ciudad y que no contaron con los principales actores como son los empresarios y comerciantes.

La obra, casi dos décadas duró, costó un alto precio a los comerciantes que incluso algunos tuvieron que cerrar sus puestas y otros muchos perdieron gran parte de sus ingresos.

Ahora, al cumplirse un año de su puesta de largo, el tranvía se ha ganado el respeto de todos a la vez que ha acercado las tres ciudades de la Bahía. Ya nadie quiere revertir lo hecho. Es cierto que los comercios y vecinos son siempre reacios a los grandes cambios. El tranvía se ha consolidado como un transporte cómodo, ecológico, eficaz, moderno, que utilizan diariamente los ciudadanos de la Bahía y que se espera que en un futuro, se prolongue su recorrido a otras ciudades de la Bahía.

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