Se imaginan a la comparsa de Antonio Martín 'Voces Negras' comenzando apasionadamente su presentación con un "Balay… y su Carnaval?". Pues ese es el problema. Que la publicidad ha llegado al concurso y, como no la cortemos, se queda. Publicidad y agrupaciones siempre hemos coexistido, pero se está empezando a pasar la raya de lo razonable, si es que no la hemos pasado ya. La última (de momento) ha sido lanzar un cuplé publicitario de una freidora. ¿Y lo siguiente?. Pues como no metamos mano esto se nos va de las manos. El vil metal es tentador, demasiado, y a más prestigio curricular de agrupación más manteca se está dispuesto a soltar. Ya dependerá luego de los escrúpulos de autores y componentes en sacrificar repertorio a cambio de dinero. Y si me preguntan lo que pienso, creo que el resultado va a ser terrible. Al igual que se hizo en su día con los instrumentos, no estaría de mal regular la publicidad escénica acorde al tipo, de modo que un anuncio de calefactores no desentone, por ejemplo, en una chirigota de esquimales. Y lo escenarial tiene un pase. Pero cantar coplas publicitarias en el Falla me parece demencial y el principio del fin. ¿Y la solución donde está? Pues empecemos por subir la cuantía de los premios, ridículos a todas luces para lo que se puede sacar luego en una sola actuación. Y mejorar el reparto de ingresos. Porque de lo que estoy completamente seguro es que si esto se pone de moda (en el Falla digo, porque hacer copas publicitarias en CDs y libretos es otro cantar) acabaremos sustituyendo en las barbacoas El Vaporcito de El Puerto por La Vaporetta del Puerto o La Rumba de Martínez Ares por La Roomba que me limpia y barre. El monstruo acaba de despertarse. Y estamos aún a tiempo de atajarlo. De lo contrario… agárrense que vienen curvas.

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