Pablo Durio

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Martín Vila, el concejal de los charcos

El líder de Ganar Cádiz ha asumido los cambios que más impacto están provocando en la ciudad desde la llegada de Podemos

Martín Vila durante su comparecencia de este viernes tras la Junta de Gobierno Local Martín Vila durante su comparecencia de este viernes tras la Junta de Gobierno Local

Martín Vila durante su comparecencia de este viernes tras la Junta de Gobierno Local / M.F.

Había un concejal del gobierno de Teófila Martínez, José Blas Fernández, que en su despedida del Ayuntamiento se lamentaba de haberle tocado bailar con la más fea, haber sido siempre la peor cara que había tenido aquel equipo popular; la cara de las responsabilidades menos amables, de las que se encargaban de la recaudación, los impuestos, el personal... Eso que alguna concejal llamaría “concejalía de cosas chungas”. En el gobierno actual, las cosas de la hacienda y de los impuestos ya no tienen tanta importancia ni las críticas de antes –pese a que se recauda exactamente lo mismo que en la época de Fernández–. Y ante tanta parálisis y tanto concejal desapercibido que ha pasado y pasa por los pasillos de San Juan de Dios desde 2015, Martín Vila ha destacado ya como el concejal de los charcos de este Ayuntamiento. Prácticamente todo lo que toca Vila genera cuanto menos un debate en la ciudadanía, una disparidad de opiniones, una suerte de movimiento de tierras que provoca la reacción de los gaditanos.

El líder de Ganar Cádiz en Común encabeza en solitario desde el año 2015 las grandes transformaciones que este Ayuntamiento de José María González va a dejar como herencia en la ciudad. Son varias y relativas a varios frentes, pero siempre con el mismo denominador común: Martín Vila como concejal responsable.

Estos últimos días se ha desatado la última de las polémicas municipales, a vueltas con las terrazas de los bares y su presencia más o menos amplia en determinadas calles y plazas. Vila encabeza esa nueva consideración que se le va a dar a las terrazas y que él dirige con mano firme aunque buscando un consenso con los afectados. Cádiz se suma a esa amplia lista de ciudades que ha empezado a poner cotos a los veladores, un melón al que no quiso hincar el diente el gobierno del PP –que sí anunció una nueva norma para regular la uniformidad de las terrazas, que por cierto nunca se llevó a efecto– y que está calando desde hace meses el número tres del gobierno de González.

Esta polémica de las terrazas se suma a la generada desde hace tiempo respecto a la implantación del carril bici y, de la mano de éste, a la progresiva pérdida de plazas de aparcamiento que en los próximos meses derivará también en las nuevas zonas azules, naranjas y verdes que llenarán bordillos y calzadas hasta no dejar ni un solo aparcamiento libre en todo el casco histórico. Vila es el que lidera, de nuevo, esta gran transformación que está experimentando la ciudad y que no ha estado –ni está– exenta de críticas y rechazos por parte de la ciudadanía o de los partidos de la oposición.

Y en los próximos meses, a buen seguro, volverá a activarse una nueva polémica cuando comiencen los preparativos para transformar la plaza de España y convertirla en una amplia zona sin tráfico ni aparcamientos. La peatonalización progresiva del casco histórico es otro de los caballos de batalla que se ha propuesto Vila desde que entró en el gobierno municipal en el año 2015, y el proyecto de la Plaza de España es uno de los grandes ejemplos de la decisión con la que se afronta esta cuestión que gobiernos anteriores no tuvieron la valentía de acometer en intervenciones como la de la plaza de San Juan de Dios, la Plaza de Mina o Fragela (tres grandes oportunidades perdidas para haber transformado esos espacios).

Martín Vila parece tener las ideas muy claras de hacia dónde tiene que ir la ciudad en aquellas áreas que él controla. Y no le tiembla el pulso a la hora de poner en marcha actuaciones contundentes que están suponiendo una transformación casi radical de la ciudad hasta ahora conocida (el tiempo dirá si para bien o para mal) y que a día de hoy pueden ser la cara menos amable de un gobierno prácticamente desapercibido y falto de iniciativas. Tanto, que cuando Emasa era un cierto obstáculo para sus planes en materia de Movilidad, no dudó en mover las fichas del tablero que hicieron falta para hacerse también con la titularidad de esta empresa municipal para, desde ahí, allanar el camino del nuevo modelo del aparcamiento y de la implantanción de la bicicleta como transporte habitual que Adelante Cádiz pretende en la ciudad. Así que mientras buena parte del gobierno de José María González parece estar en paradero desconocido por la escasa trascendencia del trabajo que estén haciendo en sus respectivas delegaciones, y algunos rostros sólo aparecen para fotografías y actos sociales, Vila ha asumido ya el papel menos amable de un gobierno municipal. El concejal de los charcos.

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