Efecto Moleskine

Ana Sofía Pérez- Bustamante

EL LAGO AZUL

07 de enero 2020 - 14:05

Este año decidimos entrenarnos para la cuenta atrás de la destrucción del planeta y nos fuimos el fin de año a la isla de El Hierro, que ha sido declarada reserva natural de la Biosfera por la UNESCO. ¿Ventajas de El Hierro? Los herreños son pocos e invisibles. El caserío, escaso y disperso. Cultivos casi no hay o no es época. Animales, lo mismo (vimos una mosca y un cuervo, y un conejo que estuvimos a punto de atropellar). Comercio: algún supermercado. Restaurantes: Tripadvisor miente o no está actualizado. Comida: no sé si mis viandas estaban hipercocinadas por prudencia química, atletismo mandibular, ignorancia, desidia o porque yo era la quinta persona que intentaba ingerir aquel cadáver.

Pero el encanto de El Hierro es la isla misma: cada ángulo es un paisaje minimalista, limpio, tremendo. Miras al mar por encima de los montes volcánicos y el horizonte de océano infinito, oscuro pero con caprichosas islas de luz en lontananza, unido a los barrancos (carreteras sin medianas, sin arcén, sin quitamiedos, sin rectas), de pronto hace que te des cuenta de que no solo está acabando un año sino que se inicia otro que es misterio impenetrable, accidente o milagro aleatorio e impersonal, precipicio de la existencia. (No sabemos desconectar, no tener prisa). Despojados de nuestra parafernalia consumista, de nuestra narrativa quimérica, somos tan pequeños. En medio del vómito de lava negra surgen pinares extensos como ilusiones. En otros lugares hay impenetrables bosques de laurisilva, el hábitat del homínido primordial: en la intimidad de los troncos medran musgos peludos y cuelgan los líquenes como si fueran babas. El árbol santo, el garoé que atesoraba la niebla y llovía agua para los aborígenes, es un trozo de leyenda convertido en patrimonio inmaterial (y cotizable). Luego están las grutas y piscinas naturales: el charco de los Sargos, el charco Manso, el charco Azul… Entre la espuma batida y fosforescente y la luz aguamarina me siento inmersa en aquella película de mi adolescencia, "El lago azul", que trababa de la vida y el amor entre dos náufragos primero niños y luego bellísimos adolescentes. Me entra una infinita nostalgia de vigor. Pero estamos aquí y aún quedan paraísos. Amén. Amén.

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