Anoche sonó mi teléfono de góndola, el que tengo en la mesa pequeña sobre el paño de croché y detrás del cuadrito de la Virgen de Covadonga. Era Justino, un hombre de orden sobrino de mi amiga Alfonsina. Había sintonizado por casualidad, haciendo zapping buscando Intereconomía, el Concurso del Falla y no tuvo más remedio que pararse a escuchar una canción de esas que le llamó la atención. No podía creerme lo que me contaba. Una comparsa se había atrevido a cantar contra el alcalde. Sí, están leyendo bien: una letra criticando al Kichi. ¡Cinco años después! "Ya era hora", pensé. Al menos en ese grupo de poetillas de garrafón hay todavía alguno con agallas e integridad. Un aviso a esos petimetres de pañuelos palestinos. Ya se acabó el pescado en blanco, ¿no Martínez Ares? Ya se acabó la impunidad del señor González, al que no le tosía ningún autor por haber surgido, para desgracia de esta ciudad, del fondo del Carnaval. Ya están sus compañeros de farándula comprendiendo que Cádiz está de pena. Ahora bien, que se prepare el valiente autor de la letra. Será demonizado por las hordas rojas, colocado en la lista negra y estigmatizado como facha. Encima, el chaval es modosito, según me cuentan, aunque todo lo modosito que puede ser alguien que se dedica a cultivar este engendro llamado Carnaval. Vamos, que dentro de la burricie generalizada parece un señor sensato. La lleva clara.

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