Inseguridad moral

Lo que importa es el Poder, el que está matando el sentido moral del ser humano

28 de abril 2018 - 01:33

Si digo que una de mis lecturas preferidas es la Tabla de Logaritmos Vulgares, del Pr. Vázquez Queipo, nadie se lo creerá a pesar de la cantidad de chorradas equivalentes que hay que tragarse a diario, másteres virtuales incluidos. Pero si afirmo que llevo semanas sin leer nada del "Sálvame" de la Casa Real, ni de los sediciosos de Cataluña, ni de las luchas intestinas de los mamandurrios supremos, cabría preguntarse, siquiera por curiosidad malsana, en qué pierde el tiempo este desengañado ciudadano del montón.

Ya sé que no es interesante, pero se lo diré: servidor se entretiene con las fantasías animadas que nos suministran para desviarnos de lo importante, tales como que en unos cuantos millones de años se dividirá en dos el continente africano; que existen métodos infalibles para adelgazar comiendo; que -¡a buenas horas, mangas verdes!- existen cientos de posturas para conseguir el multiorgasmo. Bueno, ya me entiende, peor sería formar parte de los ¿partidarios? de que Rajoy, Sánchez, Iglesias, Puchidemón permanezcan en el machito por tiempo ilimitado, ¡qué angustia, pordió! Además, como la literatura contemporánea me aburre tantísimo, a falta del Almanaque Diocesano, tan instructivo, ojeo el Diccionario de la Real Academia Española a pesar de su machismo.

Resulta sorprendente, créame, buscar una palabra, por ejemplo, moral, y encontrarse con todo esto: "Perteneciente o relativo a las acciones de las personas, desde el punto de vista de su obrar en relación con el bien o el mal y en función de su vida individual y, sobre todo, colectiva". "Basado en el entendimiento o la conciencia, y no en los sentidos". "Que concierne al fuero interno o al respeto humano, y no al orden jurídico". Y más.

Sí, es cierto, todas esas pormenorizaciones no son de obligado cumplimiento y su ignorancia no implica penalización; exactamente igual que pasa con los actos delictivos de los políticos aficionados a mirar para otro lado; pero, qué quiere, en esas cuestiones no reza que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Ignorarla -se pone de manifiesto a diario- se ha convertido en atenuante, ¿verdad, señor Chaves, señor Griñán? O sea, que se puede prescindir de la moralidad, que ya no es necesaria porque lo que importa es el Poder, precisamente el que está matando el sentido moral del ser humano, sea del color que sea, hasta tal punto de que las conciencias no son fuertes por sus valores, sino por la cuantía de sus precios.

Pero, claro, servidor, solo con el ánimo de orear los ambientes y por pura razón estética, se pregunta por qué hasta los educadores, padres y profesores, están despreciando la autoridad moral a la que están obligados, ¿será porque si intentan contagiarla se arriesgan a recibir alguna paliza de sus hijos o de sus alumnos?

La verdad es que se vive en una inseguridad moral patente y que se mire hacia donde se mire, sólo se ven agujeros negros o deprimentes paisajes -y paisanajes-. Como en la intimidad de los partidos políticos o, mejor, como en "Supervivientes" con su isla de follaje indiscriminado. ¡País!

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