Análisis

Juan CArlos Rodríguez

Domingo de Gloria

Hay un verso de Gloria Fuertes -uno de tantos- que encaja a la perfección en esta Pascua de Resurrección: "Yo me asombro y quiero que te asombres". Así que este Domingo de Pascua quiero que sea, más que nunca, Domingo de Gloria. "Dios es para mí más real que todo lo que me rodea -dijo Gloria Fuertes en una entrevista en 1986-. No lo veo, pero lo siento. El creer me da alegría y comprensión". Ese sentido de la alegría y del asombro con el que convivir con la fe que se manifiesta en Gloria Fuertes es toda una sorpresa -y un ejemplo- para quienes se acercan a su poesía. Por tres razones fundamentales. Una es que nos han dado una imagen de Gloria Fuertes distorsionada: como únicamente autora para niños. No es así, es poeta con mayúsculas y, sobre todo, "para adultos". La segunda es que hemos heredado un retrato de Gloria Fuertes como mujer rebelde, desafiante, feminista, políticamente contestataria. Lo era, sí, pero para insistir en esta retrato no era necesario borrar su creencia -y así se ha intentado, sin duda-, precisamente de una mujer que decía: "Es algo instintivo en mí. He nacido creyente como he nacido mujer".

Y en tercer lugar, la sorpresa culmina porque leer a Gloria Fuertes es, sin duda, leer un testimonio de "cristiana rebeldía", de una "creyente de a pie" -que así le gustaba definirse- que escribió y reflexionó constantemente sobre su fe; que era, eso sí, a contracorriente en una España que imponía el nacionalcatolicismo: "Soy católica inconformista desde que tengo uso de razón", escribió. Y lo siguió siendo hasta su muerte en 1998. Entre tanto dejó escrito, entre su veintena de poemarios, casi doscientos cincuenta poemas en torno a Dios, a la creencia y al modo de vivir y convivir con la propia fe. Frente a la Iglesia estatalista y cerrada en sí misma de aquella España de posguerra, Gloria Fuertes reclamó un catolicismo de amor, de reconciliación, de unidad, de perdón, de paz, de acción entre los pobres y los marginados. Ella misma se veía como "una mística en los suburbios", porque, como decía en dos versos clarificadores, "mi mística es rezar haciendo./ Más que oración, acción".

Hace un año, en plena celebración del centenario de Gloria Fuertes -que nació en 1917 en Madrid, en la calle de la Espada, en pleno corazón del barrio de Lavapiés-, ya escribí de la necesaria reivindicación de una de las voces más singulares de la lírica española en la segunda mitad del siglo XX. Es decir, de la obligación de rescatar la poesía injustamente oculta por el brillo -y la popularidad- de su obra infantil. Y, entre toda esa poesía "de adultos", particularmente había que reivindicar el protagonismo de su "cristiana rebeldía". Entre otras razones, por el amplio número de poemas religiosos y su calidad incontestable, que le hacen predominantes en su literatura.

Ese continente de versos que dirige a Dios, a Cristo -y en menor medida también a la Virgen- asombra por su abundancia y por su naturalidad, porque la poesía religiosa de Gloria Fuertes, leída casi veinte años después de su muerte, sigue siendo -y exactamente es así- deslumbrante. Y ocupa, atraviesa, todos sus poemarios, toda su obra, toda su vida. Es un mundo desconocido, pero no debe seguir siéndolo: porque es fértil y espléndido. Sorprendente. La fe -y la necesidad de escribir sobre la experiencia de vivirla- fue una constante en Gloria. Desde el poema con el que abre su primer poemario, "La isla ignorada" (1950), hasta la última de sus "greguerías", escrita poco antes de morir: "Hazte socio del cristianismo/ o quiere a todos, que es lo mismo".

De aquella necesidad de reivindicar la Gloria Fuertes poeta religiosa, salió un proyecto de libro, con la complicidad de la Fundación Gloria Fuertes y el impulso de la editorial PPC, que ahora se publica. He elegido exactamente 210 poemas para una antología que hemos bautizado con un verso de Gloria Fuertes, "Dios sabe hasta geometría", y que pretende reflejar la íntima -y diversa- relación de confianza con ese Dios al que Gloria llama "mi amigo". El próximo jueves, día 6, a las 19,30 horas lo presentaremos convocados por el Ateneo de Chiclana en la Fundación Gómez y Moreno, junto a la capilla de La Salle.

Adentrarse en las profundidades del verso religioso de Gloria Fuertes es, también, hacerlo con esos otros grandes temas de Gloria: la soledad, la pobreza, el pacifismo, el auxilio, el sufrimiento, la muerte, el amor al prójimo, el amor enamorado y, por supuesto, el humor. Los numerosos poemas que Gloria Fuertes le dirige a Dios no son -reiterando esos juegos de palabras a los que era tan propicia- de "Gloria, Gloria", sino que encierran dolor, angustia, sufrimiento, súplica, compañía, petición de justicia y de perdón. Y en muchos caso también la risa, herramienta fundamental para comprender la poesía de Gloria Fuertes: "En los ojos le tienes cuando ríes,/ en las venas cuando amas,/ ahí está Dios, en ti,/ pero tienes que verle tú,/ de nada vale que te lo señalen".

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios