El Alambique
J. García de Romeu
Mi amigo Miguel
Esto es una declaración de admiración, respeto y reconocimiento a los profesionales sanitarios. Durante algún tiempo dediqué cuerpo y alma en asistir a personas que necesitaban respuesta a sus problemas de salud. De la máxima “no hay enfermedades, sino enfermos” aprendí a tratar a cada cual, según su vida y sus circunstancias.
Siempre entendí que esta columna de opinión local debiera tratar sobre asuntos relacionados con nuestra ciudad. Sirvan estas líneas para poner de manifiesto -como usuario de la sanidad pública-, la magnífica labor que realizan los profesionales sanitarios que, día a día, dan el callo en el Centro de Salud Casa del Mar, aquí en El Puerto a orillas del Guadalete.
Nací en el barrio alto, pero mi infancia y juventud discurrió cerca de La Puntilla. Hoy, después de deambular por media España, he vuelto a este paraíso natural en el que se forjaron mis ilusiones y fantasías.
Tales de Mileto -que introdujo la filosofía científica y trató de buscar respuestas a sus preguntas, según principios naturalistas-, llega a decir que “la felicidad del cuerpo se funda en la salud; la del entendimiento, en el saber”. Nada más cierto, y lo percibo en el trato que recibo cuando acudo al C.S. Casa del Mar.
Y es que no sólo sanamos nuestras enfermedades con fármacos, sino que es imprescindible que quien nos atienda lo haga con la atención, la alegría y el cariño de los profesionales que -en equipo- te reciben, te diagnostican y te tratan.
Es la cadena humana el principal valor de este centro sanitario portuense. Aquí nadie es más que nadie y todos son mucho más que una cifra de trabajadores. Ellos ponen en evidencia -tal como dice la OMS-, que “nuestra salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de afecciones o enfermedades”. Mi agradecimiento a todos ellos. Tomemos ejemplo.
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