Los errores del Gobierno en esta crisis son muchos. Tengo poco más de 2000 caracteres y hay muchos otros artículos analizando estas meteduras de pata. Remítanse a ellos para saber por qué actuó tarde, por qué la compra de equipos de protección ha sido un desastre, por qué los sanitarios siguen contagiándose o por qué cada nueva medida se anuncia siempre a última hora y con rectificaciones.

Dicho lo cual, nosotros tampoco parece que estemos a la altura. Todo eso de que esta fantasía distópica nos iba a cambiar, que íbamos a abrir los ojos a lo importante, recuperar el valor de lo colectivo… se ha quedado en el aplauso de las ocho. En cuanto se ha empezado a vislumbrar un camino hacia la ‘nueva normalidad’ hemos vuelto a comportarnos como si nunca hubiéramos salido de la antigua.

Tratar de organizar a 47 millones de personas para que no se agolpen en la calle y, al mismo tiempo, darles oportunidad para que tengan un rato de esparcimiento al aire libre no es tarea simple. Nos quejamos porque el horario no nos gusta, porque el kilómetro se nos queda corto, por lo que sea. Buscamos excusas para ‘interpretar’ la ley. ¿Qué daño hago si quedo para ir en bici con amigos? Total, vamos más o menos separados. ¿Y si en lugar de una hora me paso hora y media de paseo? Total, lo mismo es. Y es cierto, no pasa nada si un solo paseante se lleva medio día dando vueltas por su ciudad. Pero además de irresponsable es una actitud egoísta, porque implica que el resto no va a incumplir y que las calles, por tanto, no van a estar llenas de personas paseando sin límite.

Una norma general no puede, por definición, adaptarse a las preferencias de cada uno de nosotros, pero las acatamos por un bien mayor. No solo en confinamiento. También seguimos las normas de tráfico, por nuestra seguridad y la del resto. Nos pueden parecer más o menos acertadas, podemos criticarlas y exigir rectificaciones, pero si cada uno hacemos lo que nos viene en gana -nosotros, expertos en pandemias desde hace mes y medio-, poniendo toda nuestra confianza en que el resto, ellos sí, van a cumplir a rajatabla, lo llevamos crudo. Nos toca trabajar nuestra responsabilidad colectiva.

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