Puente de Ureña

Rafael Duarte

'Aegritudo amoris'

28 de diciembre 2016 - 02:02

Aegritudo amoris, la enfermedad del amor, también, en estas fechas, florece como una mala planta que ahoga al tronco. El mal de amor en la historia literaria está en la Celestina, Cárcel de Amor, etc., pero cuando la muerte arranca las metáforas y el dolor te busca el corazón para ocuparlo entero, entonces pasa esto.

José María Cano se ha ido en silencio. Y lo apreciaba mucho. Siempre me demostró afecto y veló por mi literatura. También, reciente, Berraquero. Orfandad de las artes.

Entonces piensas en la cantidad de amigos que han quedado en las trincheras de la muerte, a los que ya no puedes devolverles afectos o palabras y aegritudo amoris.

Me salgo a la marisma. Allí pintó el otoño lo que borrará la primavera, y esos colores de las hojas, cada una un matiz de rojos bermellones sobre un lado amarillo, el verde clareando como la vida, antes de caer, me habla, cómo no, de la noche que mata doblemente porque el dolor no tiene melodías, sino melancolías y tristezas.

Ah. Súbito, al volver del antiguo canal, en la pared de un bar, salta otro mural de De Salas. Me devuelve, instantáneo a la marisma y a los barcos, qué barcos, la desidia de la varada, el agua inerte, el cielo de poniente. Y vuelvo a decirme que, en pintura, la metáfora pura es el agua y el aire, algo que no tiene color y que se mueve según las sombras que le pesen.

Un retrato, un bodegón, unas flores, son objetos concretos, no metáforas puras, como la luna de pergamino o el tambor del llano lorquino.

En Navidad duele todo más. El agua con su perfil de frío, el cielo más purísima por sus lados azules.

El corazón que siempre por la noche descubre en soledad otras tormentas. La mejor luz terminal se da cuando la mar derrota en los ocasos en la culata del castillo de Sancti Petri.

Pensando en estas cosas llego a la cafetería de San Antonio, donde, ya es casualidad, hay dos lienzos secándose. El campo alrededor de un pueblo y una floresta imaginaria. Fresca la pintura. De Salas, sus colores, los ha pintado in situ. Igual que una ola deja en su retirada pulseras y collares fugitivos. A la misma velocidad atrapa.

Un café caliente. Marismas y pinturas. El dolor desteñido de las cosas que hieren.

La sensibilidad en marea alta. Los mates y los brillos, las sombras y los cadmios.

Aegritude amoris.Buenos días.

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