Un niño
La ilusión vuelve a renacer
Arte
Casi un centenar de pinturas, dibujos y grabados de Kupka, en el Museo Picasso
Dos exposiciones de suma importancia han coincidido ya con la corta estancia de Pepe Lebrero al frente del Museo Picasso de Málaga, la de la suiza Sophie Staeur-Arp y esta de Frantisek Kupka, uno de los artistas importantes de la primera parte del siglo XX, esa en las que las primeras vanguardias configuran su postrer desarrollo y abre los caminos del arte abierto que estuvo por llegar.
La muestra se compone de casi un centenar de obras, pinturas, dibujos y grabados, provenientes de los fondos del Museo Georges Pompidou de París, llegados allí por la cesión de la que fue su viuda Eugenie Kupka. El artista checo -había nacido en Bohemia en 1871- formó parte de aquella generación de artistas importantes una increíble vida artística al París de principios de siglo, donde llegó en 1896, buscando como otras tanto la Modernidad, y donde permaneció hasta su muerte acaecida en 1957.
Lo mismo que ocurrió con la exposición de Sophie Tabaeur-Arp, esta muestra viene a descubrir un artista que, a pesar de su importancia en el contexto general del arte de las primeras vanguardias, es poco conocido. Esto supone un cambio para bien en los planteamientos expositivos del Museo Picasso Málaga. Se abren las perspectivas y se conforma un programa mucho más interesante y más acorde con la filosofía de un museo moderno.
En esta muestra nos situamos ante una obra de muy dispar naturaleza, desde sus primeras obras, todavía influenciadas por una figuración muy fin de siglo, hasta esa abstracción sintética en la que dejó un sello muy personal y con una clara decantación hacia una mayor incidencia formal y geométrica. Al mismo tiempo nos encontramos con las muchas tendencias que van sucediendo en un principio de siglo lleno de intensidad creativa y con un deseo descarado de abrir horizontes y dar nuevos aires a un estamento artístico muy mediatizado por los efluvios y resabios academicistas. De esta manera vemos los orgánicos desarrollos de un futurismo, al que Kupka acude entusiasmado desde la publicación de aquel Manifiesto Amarillo donde se pusieron las primeras bases del arte cinético y donde parte una abstracción llena de jugosos recursos que él agrupo en círculos, verticales, verticales y diagonales, triángulos y diagonales.
Después de las muchas vicisitudes, algunas poco edificantes, del Museo Picasso Málaga -nosotros no lo vimos necesario y fue un brindis al sol de una Consejería de Cultura que privó al resto de Andalucía de muchos proyectos- el nuevo discurrir artístico de la institución museístico parece que está remontando su inicio deambular tambaleante. Ahora las exposiciones temporales -la colección picassiana es la que es y no tiene vuelta de hoja por sus especialísimas características- están llegando a su máxima altura de interés y proyección. Era lo que hacía falta y por lo que hay que acudir al antiguo palacio de Buenavista. Picasso desde las alturas estará mucho más tranquilo.
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