Cuando la belleza se adueña del espacio
El Museo Municipal del Málaga acoge una muestra retrospectiva que permite apreciar en conjunto la producción del artista Pedro Escalona, a través de su pintura, dibujos y otras piezas
Uno de los pintores andaluces con mayor potencia creativa y con más poderoso arsenal técnico es Pedro Escalona, el pintor malagueño que lleva tiempo demostrando su gran personalidad dentro de la pintura figurativa. Era lógico, pues, que los responsables del Museo del Patrimonio Municipal de Málaga lo incluyeran en su programación de exposiciones antológicas en esos espléndidos espacios de la Coracha malagueña.
Pedro Escalona responde a ese canon de pintor clásico, entendido el término como un creador que domina los tiempos pictóricos, un dibujo determinante, elegante, sin fisuras, que sirve de andamiaje sustentante para que sobre él se plantee el cuerpo de una pintura clarificadora, definitiva, llena de carácter y abierta a los mayores y a los mejores encuentros. Su obra no ofrece duda, plantea un desarrollo ilustrativo diáfano, patrocinando una realidad que descubre sus máximos esquemas y manifiesta la esencia de lo concreto sin exuberancias, desarrollando los exactos registros de lo real pero sin forzar lo representado y dejando que los elementos fluyan sin presión.
Como decía antes, esta exposición de Pedro Escalona a modo de retrospectiva, era necesaria para contemplar en conjunto la magnífica producción de un artista que, a lo largo de cuatro décadas, ha ido evolucionando hacia dentro, suscribiendo una pintura contenida que, en las sucesivas etapas, ha ido depurando la figuración hasta dotarla de una suerte de poder fugaz, como si la realidad se desprendiera del tiempo y marcara un espacio puro donde los elementos pictóricos fuesen tenues notas de ilusión pintada.
La exposición ha sido comisariaza por la profesora Rosa Fernández y nos conduce por expectantes momentos de la pintura de un Pedro Escalona que nunca y a nadie va a dejar indiferente. Su pintura ofrece espacios silentes donde los objetos reposan sin tiempo, sin edad y asumiendo su entidad de formas eternizadas. Superficies neutras que sirven de apoyo visual a unos elementos planteados sin dispendios compositivos, sólo su especialísima naturaleza conformante; estructuras formales sabiamente dispuestas para que dejen constancia de su dimensión expositiva.
Las Salas de la Coracha se llenan de un centenar de piezas, pinturas y dibujos que soportan el paso del tiempo cada vez con mayor trascendencia y que desencadenan los máximos ritmos de una pintura felizmente planteada desde una perfecta arquitectura pictórica que, en su cuidada estructuración, no permite al espectador quedarse sólo con lo superfluo sino que atrapa la mirada y proyecta su sentido hacia estamentos de mayor profundidad y enjundia.
Si en la pintura de bodegones simples, de lugares cercanos a su entorno o de bellísimos esquemas florales, el autor plantea una magistral lección de continente sujeto a un contenido que aumenta su realidad ilustrativa; es en la pintura de piezas arqueológicas donde Pedro Escalona ofrece su más poderoso desarrollo creativo. El tiempo que parece conformar la tenue atmósfera que envuelve la composición ha perdido su trascendente discurso y ha dejado al objeto envuelto en su inmaterial soledad de misterio y atemporalidad, manifestando únicamente el valor eterno que desentrañan.
De nuevo nos encontramos con la gran pintura de Pedro Escalona, esa que trasciende, desde hace cuarenta años, el espacio y el tiempo y que se hace perpetua causa de emoción. Estamos ante un artista total, un creador que sabe adecuar el fondo y la forma a una dimensión superior donde la mirada desentraña nuevos escenarios donde anida una espiritualidad contenida.
En Pedro Escalona lo más mínimo nunca fue más grande.
Museo Municipal Málaga
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